Aprender y adaptarse a la nueva normalidad

Las y los adolescentes tuvieron diversas experiencias. Principalmente el sentimiento de no poder estar con sus compañeros y maestros en la escuela fue lo que más les movilizó. Encontramos que cuentan con un fuerte sentido de comunidad y que tienen la necesidad de intercambiar experiencias y encontrarse con sus pares.

“… nos cogió entre la espada y la pared, estábamos a poco tiempo de iniciar las clases presenciales… yo tenía muchas cosas preparadas para compartir con mis compañeros, ideas y todo ello, pero cuando se declaró lo que es el aislamiento social en todo el territorio nacional o sea yo dije “¡No, qué sad!” nos cogió… Nada más nos informaron, lo que es el Ministerio de Educación que virtualmente se iba a trabajar. Primero que nada, no tenía a la mano lo que es el celular táctil y no sabía cómo…. Al principio tampoco estábamos instruidos para usar lo que es la tecnología, entonces teníamos que aferrarnos a lo que es la tecnología, entonces ya al principio cuando me conecte era un poco raro, un poco de silencio, no podía cómo hablar, intercambiar palabras  con mis compañeros ya que era de lejos… trabajar de lejos no es lo que de cerca o presencialmente… “

Adolescente de Cusco

Así también, encontramos que las y los adolescentes de cara a las clases remotas se adentraron a un mundo nuevo, desconocido. Donde tuvieron que aprender y adaptarse a la nueva normalidad, siendo las clases remotas un reto permanente para las y los adolescentes.

“Me imagine algo con compañeros, cerca de mi lado como una clase normal porque no sabía el concepto de las clases virtuales. No sabía porque era la primera vez que experimentamos las clases virtuales con una pantalla en frente”

Adolescente de Ayacucho

Las expectativas sobre las clases virtuales fueron diversas. Muchos nunca habían vivido un proceso de enseñanza a distancia. Otros esperaron aprender más y lograr aprendizajes que les permitan adentrarse en el mundo de la educación superior universitaria. Algunos tuvieron la sensación de que perderían el colegio y la oportunidad de -tras acabar la secundaria- acceder a los programas de beca que otorga el Estado por medio de Pronabec. El no contar con los dispositivos electrónicos y acceso a internet fue uno de los aspectos que más complicó acceder a las clases remotas:

“Yo sobre todo cuando escuche que iban a haber clases virtuales no lo tome tan enserio porque en mi comunidad no hay internet, no hay nada, medios con que hacer las clases entonces yo lo dije como: ¿Es una broma no? Entonces virtuales casi no estaba llevando y solo me mandaban fichas y con las fichas yo hacía mis tareas y mandaba por acá…(celular)”

Adolescente de Amazonas

Las y los adolescentes se adentraron en un mundo virtual a pesar de no tener las condiciones básicas para realizarlo. La continuidad educativa fue un reto para la mayoría de adolescentes; algunos manifestaron que al inicio de la pandemia -y de las clases virtuales- no contaban siquiera con celular. Lo que les retrasó con el inicio de las clases y les obligó a ponerse al día tras varias semanas. Así también, tuvieron que caminar largas distancias para conseguir señal de telefonía y conectarse a sus clases virtuales.

“Es demasiado complicado estudiar virtualmente, porque presencialmente comprendes mucho más mejor tal vez y si extrañaba estudiar presencial… lo que es en el área de matemática se me complicaba entender por eso quería aprender más, entender a lo máximo… que haya una interacción directamente también…”

Adolescente de Ayacucho

A pesar de las limitaciones que pudieron poner en riesgo su continuidad educativa, las y los adolescentes destacan la labor que realizaron sus docentes en las clases remotas. La mayoría mencionó que sus docentes les dieron la confianza para realizar las preguntas necesarias durante las clases a fin de comprender los contenidos tratados.

Asimismo, reconocen que sus docentes son parte fundamental de sus procesos de aprendizaje. Son aquellas personas que les están formando para el futuro y quienes acompañan sus procesos de crecimiento personal. Destacan que sus docentes son parte de su corazón, que los estiman y valoran el esfuerzo que realizan para continuar con las clases, pero, sobre todo, para garantizar que todos y todas aprendan.

“En realidad, mis docentes son parte de mi corazón ya que ellos son aquellas personas que nos están yendo… formándonos para salir adelante, que nos dan un ejemplo de cómo llevar una vida hacia el futuro… tengo unos profesores excelentes, que te alientan con las palabras… que te dicen directo al grano si estás haciendo mal, te dicen que estás haciendo mal, pero si haces bien, te dicen bien, sigue adelante… todo ello entonces puedo decir que son aquellos docentes que me han brindado esa confianza para ser como ellos, un ejemplo todo ello…”

Adolescente de Cusco

Las y los adolescentes -a pesar de la distancia- generaron lazos cercanos con sus docentes. La apertura al diálogo de parte de las y los docentes y el trato horizontal influenció para entablar una relación cercana. Las y los docentes cumplieron un rol fundamental en el apoyo y contención socioemocional a sus estudiantes. En muchos casos, fueron quienes brindaron palabras de aliento, y  apoyo para aspirar por nuevas oportunidades a fin de alcanzar un futuro mejor. En efecto, las y los docentes han contribuido a la construcción de los proyectos de vida de las y los adolescentes. El acompañamiento ha sido clave para que estos puedan mirar hacia adelante y aspirar a mejores condiciones de vida.

“Mis maestros, yo me he encariñado bastante con ellos y pues ellos están ahí, me dicen, cuando a veces estoy triste o por las situaciones que he pasado tanto de mi mamá como mi papá, incluso la psicóloga de nuestro colegio estaba ahí “¿cómo estás? Muy bien” Otros me dicen “¡Tienes que salir adelante!” Incluso para lo de esto de la beca, los profesores me decían “si  quieres yo te apoyo con la inscripción“ y ahí  estábamos… por ejemplo, dos de mis profesores me han dicho, nosotros te preparamos, queremos que ingreses, queremos que seas esa fortaleza de tus abuelos, queremos que ellos estén orgullosos de ti y vas a ingresar… y gracias a esas palabras y esas frases es que yo sigo a pesar de los problemas, de las adversidades, lejos de pues… estar amargada de la vida o deprimiéndome me dan los ánimos para yo seguir logrando mis objetivos y logrando esa gran meta que es ingresar en la beca a la universidad y estudiar medicina…

Adolescente de Piura

El acompañamiento socioemocional de la familia y la continuidad educativa

El acompañamiento socioemocional de la familia y la continuidad educativa son dos factores que están estrechamente vinculados. La familia como espacio de socialización que cuida, acompaña y cría ha sido fundamental para las y los adolescentes. El apoyo que recibieron por parte de sus familias ha permitido que continúen con sus trayectorias educativas:

“Ellos (abuelos) lo único que quieren es que yo pueda salir adelante, que no pase la situación de mi mamá y más de mi papá que para mí es un desconocido. Entonces ellos lejos de abandonarme, me dan las fuerzas y gracias a esa fortaleza que ellos me dan, y que nos apoyamos nosotros también, los tres, ya que estamos yo y mis abuelos, he logrado salir adelante…”

Adolescente de Piura

Así también, durante la pandemia y el estado de aislamiento social, las y los adolescentes han encontrado con sus familias la oportunidad de estrechar los lazos y fortalecer la unión familiar.  Estos recurren a sus familiares (abuelos, madres y padres o hermanos) cuando tienen dificultades o problemas. Recalcan la importancia de contar con una familia que les apoye y les brinde amor y seguridad.

“La verdad es que yo primeramente soy muy cómo puedo decirlo…. Me puedo poner …puedo llorar… soy muy sentimental…en realidad lo primero que hago es llorar en silencio como para desahogarme cuando me pasan problemas y luego es conversar con la familia, damos a conocer nuestras opiniones y llegamos a un punto de vista donde todos estamos tranquilos… Yo digo que lo mejor que uno puede sentir es el amor de una familia… ahí están todos…”

Adolescente de Cusco

En ese sentido, resaltan que sus familias son el soporte necesario para sentirse seguros y confiados en sí mismos. Los adolescentes rescatan que gracias a sus padres y sus consejos también pueden prevenir riesgos como caer en el alcoholismo, abandonar las escuela, entre otros. El soporte socioemocional que han recibido por parte de su familia ha permitido que se empoderen y construyan con seguridad sus proyectos de vida.

“Mi familia fue lo que quería, siempre estuvieron ahí, siempre me mantuvieron seguro, me dieron las medicinas adecuadas, los medios de seguridad… eso me ayudó bastante…”

Adolescente de Ayacucho

El término de escuela y la educación superior

El retorno a la escuela fue un momento ansiado por parte de las y los adolescentes y sus maestras/os. Al ser su último año de estudios, iniciar -aunque tardíamente- la educación semipresencial fue importante para ellos y ellas

“En realidad ha sido emocionante, porque hasta en algunas ocasiones no nos pusimos a llorar porque ya que este año somos promoción también estábamos en ese plan de cómo vaya a ser o sea cuando nos separemos, vamos a extrañar todo lo que es, o sea jugar en clase, compartir ideas y todo ello… entonces se nos está haciendo un poco difícil a mis compañeros tanto como a mi separarnos como que siento que todo mi colegio un parte de mi corazón… y nada es un poco triste no… reencontrarse después de todo lo que está pasando”

Adolescente de Cusco

La necesidad de retornar a la escuela y reencontrarse con sus pares ha sido uno de los hitos fundamentales durante el 2021. El sentido de comunidad que, quizás por la pandemia se había resquebrajado, se pudo recomponer al retorno. Sin embargo, también significó que vuelvan a pasar un proceso diferente de adaptación. Gastos que antes no estaban contemplados durante la virtualidad, como los pasajes, la academia de refuerzo, pasaron a contemplarse nuevamente en la semipresencialidad. Ello permitió que las y adolescentes finalicen sus estudios junto con sus compañeros(as) y vivencien últimos momentos en las escuelas, interactuando y gozando su quinto de secundaria como tanto lo ansiaron.

No obstante, las y los adolescentes mencionaron que, si bien la escuela les había dado las competencias básicas, comentaban críticamente que -desde su rol de adolescentes de escuelas rurales- que se sienten en desventaja frente a sus pares de zonas urbanas. Nacía en ellos un sentimiento de ¿Por qué me dan menos? ¿Por qué no nos exigen como aquellos que están en la ciudad?

“Mi escuela brinda una educación básica, a comparación del conocimiento y los aprendizajes que se brindan por ejemplo en Piura mismo, a donde los estudiantes salen a competir, a dar los exámenes de acá, son muy pocos los que ingresan. Entonces yo pienso que nuestro director junto con la plana de docentes debería hablar con los que a ellos les contactan para que los estudiantes que cuentan con los requisitos den el examen y puedan brindarle ese material (de apoyo) como una forma de preparación… “

Adolescente de Piura

En ese sentido, enfatizan en la poca preparación para acceder a una vida universitaria. Los sentimientos de los adolescentes, independientemente de su región, coinciden en el sentir de ‘‘por ser de escuela rural no me exigirán como al de escuela urbana’’. Consideran que desde sus escuelas se les debería preparar con mayores herramientas para la universidad. Por un lado, para lograr el acceso con facilidad a una beca del Estado. Y, por otro lado, para contar con los conocimientos necesarios para enfrentarse a los estudios superiores, pues la aptitud y actitud la poseen.

“Casi siento que no he aprendido mucho sobre cómo nos tratan los profesores, casi no nos dan todo el conocimiento que debe de ser… no hay muchos libros… así que yo siento que no estoy tan preparada para la Universidad porque dicen que es muy fuerte… Yo pienso estudiar psicología porque quiero ayudar a las personas que sufren así con los traumas, lo que les pasa, quiero ayudarlos y que se sientan bien en su mente…”

Adolescente de Amazonas

Sin embargo, las y los adolescentes, a pesar de reconocer que posiblemente no cuenten con todas las competencias necesarias, mantienen una actitud positiva. El cariño que tienen por sus escuelas y por las y los docentes influye en su deseo de que sus escuelas mejoren. En ese sentido, consideran importante hacer escuchar sus voces y con ellos sus demandas. Consideran que las escuelas deben pasar por una etapa de transformación. Ello, a fin de posicionar a sus pares de menores grados para un mundo más competitivo. Todo bajo una lógica de ir preparando a futuros estudiantes con las competencias y capacidades necesarias para desempeñarse con éxito tras la escuela.

“Me hubiera gustado que sea mucho más mejor, una institución muy excelente, muy genial, estudiantes que comparten con los docentes, momentos felices, momentos tristes… lo vivido… uno no puede olvidar lo que ha vivido hasta ahora… o sea yo por ejemplo lo estoy viviendo un momento muy difícil porque es como dejar un lado de mi corazón, mi colegio era todo para mí ya que estoy de promoción, me gustaría que sea una institución mucho más mejor de lo que es ahora que se aferre a las competencias de todas las áreas…”

Adolescente de Cusco

Destacamos que las y los adolescentes están comprometidos con su educación. Cuentan con metas claras hacia futuro, consolidando sus proyectos de vida con metas a corto plazo que les permitan acceder a mejores oportunidades. Incluso buscan mejores condiciones de vida tanto para ellos como para sus familiares. Se reconocen como el motor de sus familias y son conscientes de que se tienen muchas expectativas de ellos y ellas. Ello les impulsa a seguir sus sueños, a estudiar lo que les gusta.

Conclusiones: ¿qué piden las y los adolescentes?

Pamela quiere ser doctora, Lisbeth y Maria quieren ser psicólogas, Kevin al igual que Erick piensan ser ingenieros. Las vivencias de estos adolescentes, contadas por sus propias voces, nos permiten conocer un poco más acerca de la realidad educativa de la secundaria rural de nuestro país. Asimismo, de rescatar como la escuela y las y los docentes impactan positiva o negativamente en la vida del ser humano. La situación educativa y toda la coyuntura que hemos vivido estos dos años no han sido fáciles para estos actores. Las experiencias vividas durante las clases remotas, llenas de emociones intensificadas por las dificultades y esperanzas de “regresar a la normalidad”, nos permiten reconocer que el Estado aún tiene tareas pendientes por atender.

Las y los adolescentes no son el futuro, son el hoy y el ahora. Por tanto, desde las escuelas, se tienen que garantizar las condiciones necesarias para que estos actores accedan a una educación equitativa y de calidad. En esta lógica del retorno a la escuela es importante poner en la agenda educativa el identificar en qué estado llegan los estudiantes. Ello, tanto a nivel de aprendizajes como a nivel socioemocional. El Estado no solo tiene una deuda pendiente con la escuela rural, sino también con los adolescentes, niñas y niños de zona rural. 

A modo de reflexión, es importante que, desde la escuela, los planes de tutoría y las prácticas pedagógicas se empiece a poner énfasis en brindar herramientas sólidas a los estudiantes. Herramientas que precisamente les permitan construir un proyecto de vida que les ayude a desenvolverse en un mundo desafiante. Urge que el Estado redoble esfuerzos desde las diversas entidades estatales para reducir brechas de género, violencia familiar, tasa de embarazos adolescentes y la cantidad de estudiantes que se dedican a trabajar en vez de estudiar.

Es con ello que contaremos con adolescentes libres de violencia, empoderados y capaces de adentrarse a un mundo que exige de ellos el ejercicio de su ciudadanía plena. Ciudadanía que garantiza el completo uso de sus derechos y que debe ejercerse con el cumplimiento de sus deberes.

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Gloria Olaya es egresada de Educación Inicial en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Ha sido becada con la Beca Vocación Maestro y pertenece al quinto superior de la facultad de educación. Ha ejercido como practicante en el Saint George’s College y Fe y Alegría Nº 28. Su propósito es ser una maestra que promueva niñas y niños libres, autónomos, creativos y, sobre todo, felices.

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Estudiante de último año de la EP de Educación de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya con especialidad en educación inicial. Actualmente realiza sus prácticas en el Instituto de Investigación y Políticas Educativas y es voluntaria en el Observatorio de la Educación Peruana.


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