En el año 2000 se incluyó en el currículo escolar, por primera vez, el término de Educación Sexual Integral o ESI como acrónimo. Desde entonces, sus lineamientos de trabajo, así como su base teórica, han tenido varios puntos de vista y argumentos opositores desde los sectores religioso-conservadores (Motta, et. al., 2017). A pesar de ello, la ESI siguió como parte fundamental de la currícula nacional y, hasta la fecha, es avalada por organismos internacionales como la UNESCO (MINEDU, 2021).

Por lo tanto, esta es defendida como un derecho indispensable para todo ser humano, ya que proporciona competencias y habilidades para la vida, y, por lo tanto, al desarrollo social de cada persona. En vista de esta transversalización de actitudes como el análisis de la estructura social, la interacción respetuosa entre hombres y mujeres, y el derecho a recibir educación sexual integral y reproductiva para todos y todas, se trabaja hasta la fecha al enfoque de género actual como un elemento clave para hacer posibles relaciones más democráticas entre hombres y mujeres (Currículo Nacional, 2016, p. 193).

No obstante, a raíz del Proyecto de Ley 904 aprobado por el Congreso de la República, la opinión pública se vio dividida. Por un lado, se celebró que la mitigación del enfoque de género sería una realidad frente a la consecuente participación de padres y madres de familia en la elaboración de los materiales educativos. Debido a ello, el derecho a recibir educación sexual integral y reproductiva corre peligro. Ya que, si delegamos esta tarea a una gran variedad de opiniones, sesgos y posturas político-religiosas, la educación sexual integral perderá su objetivo central: ser de carácter científico, ético y equitativo para el desarrollo holístico del estudiantado (Católicas por el Derecho a Decidir, 2015).

Es por ello que, frente a los argumentos a favor de este proyecto que definen al enfoque de género como una “imposición de enseñanzas con un marcado sesgo ideológico, que carecen de todo sustento científico” (Oficio N° 001-2022-IIP, citado en Enfoque de Derecho, 2022); el presente artículo desea reflexionar sobre la importancia de la ESI bajo la óptica médica, legal y educativa, hasta la responsabilidad docente que esta conlleva.

Salud y educación sexual: un derecho desde la infancia

La salud sexual y reproductiva es un aspecto fundamental del desarrollo de la persona. Además, es un derecho universal, integral e innegable de cada individuo. Esto es transversal a todas las etapas del ciclo vital, partiendo desde la niñez y focalizándose en la pubertad-adolescencia. No obstante, el referirnos a la salud sexual no abarca únicamente la ausencia de enfermedad, sino el bienestar. Después de todo, la salud sexual es la integración corporal, emocional, intelectual y social de todo ser sexual (Organización Mundial de la Salud, citado en Paredes, 2019). La sexualidad, como cualquier otro aspecto del desarrollo, debe ser tratada desde la dignidad humana. Por lo tanto, la educación sexual constituye una condición indispensable para el goce y ejercicio de otros derechos humanos” (UNESCO, 2013, p. 08) como lo es la salud sexual y reproductiva..

Desde el punto de vista médico, la salud sexual es una temática que debe ser presentada desde la infancia, con un enfoque ligado a las diferentes etapas del desarrollo. Este orienta a las infancias a vivir un “proceso continuo de bienestar físico, psicológico y sociocultural relacionado a la sexualidad” (Sol, s/f, p. 8), el conocimiento y autocuidado del cuerpo, y el ensayo de los roles sociales en torno a la sexualidad.

Y esta, en contexto peruano, se convierte en una necesidad. De acuerdo con Víctor Quinteros, magister en ciencia política, en su artículo “Un doloroso balance: lo que las cifras nos dicen sobre el abuso sexual de menores en el Perú” (2022), publicado en Ojo Público, las cifras de abuso sexual en menores incrementó en el período de pandemia. No solo eso, sino que “la data policial da cuenta de un dato terrible e indignante: las víctimas menores de 11 años de edad representan un 21%, y aquellas de hasta 6 años de edad un 5% (más de 260 denuncias al año)” (Quinteros, 2022, párr. 15). Lamentablemente, estas parecen ser cifras que van en aumento en los centros escolares.. Según el portal del Ministerio de Educación Síseve, solo en 2022, se registran “casi 5 casos de violación sexual por semana en promedio, y 1.800 por violencia sexual en otras modalidades” (Panizo y Raffo, 2022).

Frente a esta impactante realidad, la sexualidad debe tratarse como una oportunidad de autodescubrimiento y construcción en conjunto. En la infancia, esto es beneficioso debido a que protege a este grupo vulnerable frente a comportamientos de abuso, al poder reconocerlos y evitar concepciones erróneas de la sexualidad (Sol, s/f, p. 45). Esta perspectiva se consolidará en la etapa de la adolescencia.

Educación sexual en la adolescencia

La OMS define a la adolescencia como un “período de la vida, en el cual el individuo adquiere capacidad reproductiva, transita entre los patrones psicológicos de la niñez a la adultez (…) [y] desarrollan con frecuencia conductas de riesgo, muchas veces de forma agrupada, que dan lugar a problemas específicos” (Bataller et. al, 2018, p. 950). En esta etapa, es crucial generar en las y los adolescentes y jóvenes actitudes y comportamientos sexuales responsables, pero también satisfactorios. Para Salvador Camacho y López, cirujano y especialista en neuropsicología mexicano, afirma que la educación sexual es un medio preventivo de genuinos problemas de salud pública y reproductiva como son el aborto clandestino, el VIH/SIDA, la violencia sexual, etc (2009, p. 10).

Después de todo, es cuando aprendemos a ser seres sexuados en compañía y contraste con los otros. El reconocimiento de esto debe ser avalado tanto por las instituciones escolares, el entorno familiar, los medios de comunicación a los que tienen contacto, y, por supuesto, el entorno espectro en el que nos desarrollamos.

La educación sexual desde un enfoque legal

“En el Perú no existe una normativa nacional con rango de ley que respalde un programa de educación sexual desde un enfoque integral (o Educación Sexual Integral – ESI)” (Motta, et. al., 2017, p. 01). Sin embargo, sí nos encontramos dentro de un marco normativo internacional que avala una educación sexual para todos y todas sin restricciones ni prejuicios; además de los Lineamientos de Educación Sexual Integral para la Educación Básica y guías especializadas en la implementación docente de la misma publicados por el Ministerio de Educación.

(Imagen inserta en UNESCO, 2013, p. 08. Elaboración propia.)

El derecho a recibir educación sexual integral y reproductiva es esencial para el desarrollo de la persona. Por lo tanto, su provecho en espacios escolares es avalado tanto en el cumplimiento de la Constitución, la Ley General de Educación, y la implementación del Currículo de Educación Básica (CNEB). Así, desde la resolución viceministerial 169° del Ministerio de Educación, publicada el 03 de junio de 2021, se determinan “la promoción del desarrollo pleno y equitativo de todos los niños, niñas y adolescentes, asegurándoles una educación sexual integral con calidad científica y ética” (p. 02). Desde esta postura, nos enfocamos en la persona como un ser de derecho, pero también sujeto de un proceso de desarrollo sexual y reproductivo; siendo la educación sexual un referente internacional de reconocimiento de las niñas, niños y adolescentes.

En este sentido, su factor educativo será fundamental para reducir los embarazos adolescentes y el aborto inseguro, la violencia sexual, reconocer patrones de abuso, prevenir las infecciones de transmisión sexual (ITS) como el VIH/SIDA, etc. (UNESCO, 2013, p. 11).

La educación sexual desde un enfoque pedagógico

Siguiendo con este último punto, es importante concebir a la educación sexual como un todo integral que parte de una necesidad: identificar, prevenir y fomentar conductas sexuales saludables (UNESCO, 2018). La ausencia de educación sexual en las escuelas conlleva graves repercusiones en el desarrollo del estudiantado. Esto se afianza en contextos en donde “la desinformación, las creencias, los prejuicios, las normas y prácticas culturales y sociales propician una situación de vulnerabilidad” (UNESCO, 2013, p. 12) frente a las problemáticas descritas en el apartado anterior.

La educación sexual integral es un proceso constitutivo del correcto desarrollo del ser humano. De acuerdo con los “Lineamientos de Educación Sexual Integral para la Educación Básica” (MINEDU, 2021), la educación sexual es una responsabilidad docente de carácter integral, sistemática, progresiva, científica y participativa. En este sentido, sus objetivos los conforman el “fomentar una serie de competencias y capacidades vinculadas al desarrollo socioemocional y crítico” (MINEDU, 2021, p. 09). El trabajo preventivo-articulado con otros sectores institucionalizados (médico o legal) frente a situaciones de riesgo, y abordar de manera integral, y “según la etapa de desarrollo, las diferentes dimensiones de la sexualidad (biológica, socioafectiva, espiritual, política, legal, histórica, ética y cultural)” (MINEDU, 2021, p. 09).

La educación sexual es intrínseca a la profesión docente, y transversal a diferentes competencias descritas desde el Ministerio de Educación. Estas son, principalmente: i) construye su identidad, (ii) se desenvuelve de manera autónoma a través de su motricidad, (iii) interactúa a través de sus habilidades sociomotrices, (iv) convive y participa democráticamente en la búsqueda del bien común, (v) construye interpretaciones históricas y (vi) asume una vida saludable (2021, p. 11).

(Imagen inserta en UNESCO, 2013, p. 09. Elaboración propia.)

Conclusiones

Por todo lo mencionado, se considera a la sexualidad, y por ende, a la educación sexual, como conceptos y acciones establecidas dentro de contextos con diferencias culturales, históricas y sociales. Sin embargo, es inherente a la persona humana, y por lo tanto, a su desarrollo integral. Más allá de una cuestión ideológica, el derecho a recibir educación sexual integral y reproductiva encuentra sustento y relevancia en las etapas del desarrollo humano, la detección y prevención de situaciones de abuso. Así como un marco legal reciente que lo inserta directamente como una labor educativa internacional.

Tanto en la infancia como en su apogeo en la adolescencia, la educación sexual es un derecho y una labor ciudadana. Con su correcta implementación, es posible romper prejuicios, fomentar el desarrollo socioafectivo saludable, y disminuir los índices de embarazo precoz, infecciones de transmisión sexual, discriminación por género, etc.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Bataller, V.; Bonilla, A.; Casanova, A.; Ríos, A. & Tárraga, P. (2018). Salud Sexual: La gran olvidada del ámbito educativo. Journal, 03 (12), 946-957.

Camacho, S. (2009). Educación para la Salud Sexual. Horizonte Sanitario, 08 (02), p. 8-18.

Chamaya, M. (2022, 15 de junio). Ley que atentaría contra la educación sexual a punto de ser promulgada. Perú Legal. 

Congreso de la República (05 de mayo del 2022). Proyecto de Ley N° 904 [Ley que impulsa la calidad de los materiales y recursos educativos en el Perú]. En Diario Oficial el Peruano. Lima.

Enfoque Derecho (2022, 16 de febrero). Ley que atentaría contra la educación sexual a punto de ser promulgada. Enfoque Derecho.

Ministerio de Educación (2016). Currículo Nacional de la Educación Básica. Lima, Perú.

Ministerio de Educación (2017). Mejores Aprendizajes: Enfoque de Género. Lima, Perú.

Ministerio de Educación (2020). Cartilla n° 1: Características de la educación sexual integral. Orientaciones para implementar la educación sexual integral para docentes de la educación básica regular. Lima: Perú.

Motta, A., et. al. (2017). De la Normativa a la Práctica: la Política de Educación Sexual y su Implementación en el Perú. Guttmacher Institute: Universidad Cayetano Heredia.

Paredes, J. (2019). La educación sexual en la infancia. (Tesis de Licenciatura).

Panizo, M. y Raffo, F. (2022). Alerta en colegios: 205 casos de violación sexual en las aulas se van reportando en lo que va del año. El Comercio [Noticias].

Pérez, E. et. al. (2021). Guía para implementar la educación sexual integral. Recurso educativo dirigido a docentes de Educación Básica Regular. Ministerio de Educación. Lima, Perú.

UNESCO (2013). Educación sexual integral: derecho humano y contribución a la formación integral. UNESDOC: Biblioteca Digital. Perú: Ministerio de Educación.

UNESCO (2018). Orientaciones técnicas internacionales sobre la educación sexual: Un enfoque basado en la evidencia. UNESDOC: Biblioteca Digital. París: Francia.

Quinteros, V. (2022, 21 de abril). Un doloroso balance: lo que las cifras nos dicen sobre el abuso sexual de menores en el Perú. Ojo Público.

Resolución Viceministerial 169° (2021). Lineamientos de Educación Sexual Integral para la Educación Básica. Lima.

Sol, E. (s/f). Educación sexual en niños. Ministerio de Salud. Lima, Perú.

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Estudiante de Educación Secundaria en la especialidad de Lengua y Literatura en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Actualmente cursa el octavo ciclo y es docente de inglés en una I.E. ventanillense.


Gema Remuzgo

Estudiante de Educación Secundaria en la especialidad de Lengua y Literatura en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Actualmente cursa el octavo ciclo y es docente de inglés en una I.E. ventanillense.

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