Todo por amor, nada por la fuerza – Victoria y Emilia Barcia Bonifatti

Cada 25 de mayo, en el Perú, se celebra el Día de la Educación Inicial en conmemoración a la creación del primer jardín de infantes en 1931.  Sin embargo,  no fue hasta 1972 que, con la Ley General de Educación Nº 19326, se crea de manera oficial el nivel de ‘‘Educación Inicial’’. Luego de 91 años y una pandemia, el nivel inicial aún presenta grandes necesidades por atender. A lo largo de las últimas décadas se han llevado a cabo numerosos esfuerzos por dar la importancia que esta etapa posee. Sin embargo, aún siguen presentes estigmas que repercuten en el fortalecimiento del nivel inicial y que evidentemente, impactan en el desarrollo de los niños y niñas.

En esta lógica de conmemorar la creación de la primera escuela de inicial y la implementación de este nivel dentro del sistema educativo, es importante analizar qué retos enfrenta el nivel. Pensar en la educación inicial implica preguntarnos qué necesitan las y los niños, más aún luego de una pandemia que ha dejado grandes secuelas en ellos y sus familias.

Educación inicial, la clave para cuidar la niñez

A lo largo de los años, la educación inicial ha ido cobrando cada vez más importancia en el desarrollo de políticas educativas pensadas en la infancia. En esa lógica, a fin de promover y cuidar la infancia, por medio del Plan Nacional de Acción por la Infancia y la Adolescencia (PNAIA), se buscó priorizar acciones en beneficio de esta población. En esa línea, este plan responde a 4 objetivos específicos, entre ellos uno vinculado al desarrollo integral del niño entre 0 a 5 años.

Por medio del primer objetivo estratégico ‘‘Garantizar el crecimiento y desarrollo integral de niñas y niños de 0 a 5 años’’, se reconoce en el nivel inicial una forma de cuidar la niñez. Y, es que en ese sentido, la educación inicial no solo compete a un nivel educativo, sino a un espacio que asegura el cuidado, la protección y sienta las bases para el desarrollo integral de las niñas y niños.

Es gracias a la educación inicial donde se dinamizan los procesos cognitivos y afectivos de los niños en aras de ir alcanzando los hitos de desarrollo cognitivo, social y motriz. Asimismo, es en este periodo, donde el y la docente -desde su rol mediador- brinda espacios y un clima propicio para el aprendizaje. Aspecto que le permite al infante ir construyendo una mejor comprensión del mundo que, en definitiva, coadyuva a una mejor inserción a los siguientes niveles. Asimismo, su importancia no solo radica en que cuida la niñez, sino que también ‘‘busca aprovechar el máximo las potencialidades del niño’’ (Escobar, F., 2006).

Educación inicial, desarrollo infantil y ODS 4, ¿cómo se vinculan?

La meta 4.2 de la Agenda 2030, menciona: “De aquí a 2030, asegurar que todas las niñas y todos los niños tengan acceso a servicios de atención y desarrollo en la primera infancia y educación preescolar de calidad, a fin de que estén preparados para la enseñanza primaria”. Para lograr ello, desde el Estado se deben implementar acciones como:

  1. Sensibilizar a la población sobre la importancia de la educación inicial: De está manera se conseguirá que las familias adviertan lo importante que supone que los niños y las niñas en sus primeros años de vida accedan a programas de atención infantil temprana. Garantizando el desarrollo integral desde los primeros años de vida.
  2. Incentivar la matrícula a instituciones de educación inicial: Ligado a lo anterior, se debe motivar a que más niños y niñas accedan a la educación inicial. Si bien este nivel no es obligatorio, la evidencia demuestra que incrementar la matrícula y permanencia en centros de educación inicial, mejora la calidad de vida en las etapas posteriores.
  3. Fortalecer las competencias profesionales docentes: Se debe contar con profesionales capacitados para brindar una educación de calidad en el nivel inicial. Ello supone que las y los docentes sean conscientes de la importancia del nivel al cual atienden, a la vez que conciben al niño(a) como un ser competente. En ese sentido, la calidad de los espacios, interacciones y experiencias de aprendizaje contribuirán al desarrollo integral pleno de los niños y las niñas.

El Perú, suscrito a la Agenda 2030 y con miras hacia el desarrollo sostenible de la sociedad, debe priorizar en la agenda política la atención a esta meta. Reconociendo que atender y fortalecer este nivel educativo es de suma importancia para el desarrollo de un proyecto de vida pleno y el desarrollo infantil temprano.

En esa línea, el desarrollo infantil temprano es fundamental en la infancia. El ingreso a la escuela en las primeras etapas de la vida supone un mejor desarrollo de competencias y de habilidades para la vida. En ese sentido, la escuela como espacio de socialización, permite al niño/a desarrollar aspectos cognitivos, sociales, emocionales y afectivos. Según Santi-Leon (2019), el desarrollo infantil temprano se logra si se incentiva el relacionamiento social. Permitiendo el desarrollo de habilidades tanto cognitivas, como físicas y sociales; concediendo la posibilidad al niño(a) desarrollar condiciones más favorables para la vida.

Es por tanto que la educación inicial, y los centros que reciben a la infancia, deben garantizar las condiciones necesarias para el desarrollo integral infantil. Las escuelas de inicial deben propiciar espacios donde las y los niños sean los protagonistas y se fortalezca la imagen que se tiene de estos frente a la sociedad. Respetando sus intereses, necesidades y capacidades de acción. Concibiéndolos como creadores de cultura y ciudadanos que deben participar activamente en la sociedad a la cual pertenece.

Situación actual de la Educación Inicial en el Perú

Conforme la pandemia se iba agudizando en el país, las y los niños iban quedando cada vez más desplazados y limitados a quedarse en casa, cortando directamente con sus procesos de socialización. Muchos de ellos, incluso quedaron desplazados del sistema educativo. Según el Minedu (2020) se estimaba que la tasa de deserción en el nivel inicial pasó de un 2.2% a un 4.4%.

Según el Informe del PNAIA del año 2020, a nivel nacional no se obtuvo información de la tasa de cobertura total en educación inicial en niños y niñas entre 0 a 2 años. Lo cual es alarmante en una coyuntura donde contar con sistemas de datos actualizados nos permite evaluar la implementación correcta de las políticas y del avance de la educación en el país. Por otro lado, el INEI (2022) brinda información sobre la asistencia escolar de niños y niñas entre 3 a 5 años de edad. Hacia finales de 2021, se contó con un 85.5% de asistencia a este nivel educativo; que durante la pandemia se realizó a distancia.

Desnutrición y anemia en niños de 0 a 5 años  

Una de las problemáticas que afecta gravemente a esta población, es la desnutrición y anemia. En ese sentido, niñas y niños con afectaciones a nivel de nutrición, son estudiantes con menos oportunidades para el logro de aprendizajes.  El año 2020, según el Informe del PNAIA, presenta que a nivel nacional -según el patrón de referencia de la OMS- se contó con un 12.1% de desnutrición crónica en la población menor a 5 años. Siendo Huancavelica la región más afectada con un 31.5% de desnutrición crónica. Por otro lado, en cuanto a la anemia en infantes entre 6 a 36 meses, se contó con un 40% a nivel nacional. Siendo Puno la región que presenta el porcentaje más elevado (69.4).

Desde el Estado se han implementado programas como Qali Warma, Juntos y Cuna Más, a fin de cuidar la infancia en su integralidad. Estos buscan que el derecho a la protección social de los niños y niñas se haga realidad. Ello, debido a que se atiende a población infantil en situación de pobreza y de vulnerabilidad. Justamente, Cuna Más busca atender a la infancia temprana de manera que se garantice el desarrollo integral del niño(a) que se encuentra en situación de pobreza o pobreza extrema. De este modo, este programa nace con miras hacia la superación de brechas para su desarrollo tanto cognitivas, sociales, físicas y emocionales. Así también, se acompañan a las y los cuidadores, capacitándolos en prácticas de cuidado y crianza.

Violencias hacia las y los niños menores de 5 años

Otra de las problemáticas que afecta a esta población es la violencia hacia los niños y niñas. Según Save the Children (2021)  en enero de 2021, se presentaron 4,149 casos de violencia en niños, niñas y adolescentes. De los cuales el 16.9% son niños y niñas entre 0 a 5 años. Esta problemática incide directamente en el interés superior del niño, dispuesto en la Convención sobre los Derechos del Niño. Principio que rige las políticas dirigidas a la infancia y que sirve como marco y horizonte para su implementación efectiva. El Interés superior del niño debe ser la guía fundamental y obligatoria tanto para el Estado y sus políticas, como para las y los docentes que atienden a esta población.

¿Qué desafíos presenta la educación inicial peruana tras la pandemia?

Desde el Observatorio, se rescataron las percepciones de especialistas, docentes, estudiantes y público en general al respecto de los desafíos que presenta la educación inicial peruana tras la pandemia. En ese sentido, encontramos que hay una preocupación latente por fortalecer este nivel educativo y trabajar en favor de la infancia. A partir ello se establecen como retos a trabajar los siguientes:

  1. Concientizar a la población sobre la matrícula en servicios educativos que busquen el cuidado integral de los niños y niñas. En efecto, no basta con asegurar la matrícula en IIEE, sino asegurar la permanencia de las y los estudiantes. Así como el trabajo articulado con madres, padres y comunidad educativa en general. Permitiendo que la familia asuma su rol cuidador, pero también educador. De este modo, se espera que dentro de la IIEE del nivel inicial se trabaje por generar espacios de diálogo y reflexión sobre temáticas cómo: la importancia del juego, hábitos alimenticios, prevención y erradicación de la violencia. Todo, a fin de garantizar no solo una educación de calidad, sino también, integral.
  2. Contar con escuelas seguras para la infancia y de acceso para todos y todas. Ello supone que los servicios educativos logren una cobertura total, tanto en zonas urbanas como en zonas rurales. Y, del mismo modo, exige al Estado acortar las brechas existentes entre escuelas. Asimismo, exige repensar el nivel inicial como una etapa que responde directamente a las características biopsicosociales del niño. En ese sentido, dada las características específicas de los niños de este nivel, aspectos como la incorporación del juego en la planificación curricular son fundamentales para asegurar los aprendizajes.
  3. Trabajar en el fortalecimiento de las habilidades socioemocionales. El desarrollo de la HSE permite atender a la dimensión socioemocional del individuo. El trabajo de estas habilidades, transversalizando los enfoques de derechos humanos, de género, de interculturalidad y de derechos coadyuvará a construir identidades sólidas y responder a las problemáticas que tenemos como país.

Otro de los desafíos que se deberán atender tras la pandemia, es contar con docentes competentes para atender este nivel educativo. Los y las docentes deben contar con una imagen poderosa del niño(a), creyéndolo capaz de descubrir el mundo según sus posibilidades. Generando espacios estimulantes que permitan un desarrollo integral y el desarrollo de competencias para la vida. En esa línea, las y los docentes deben escuchar a las y los niños y diseñar situaciones de aprendizajes que les permitan construir sus conocimientos.

Reflexiones finales

Construir una mejor educación exige la toma de decisiones oportunas y que aseguren el desarrollo de todos. Luego de 9 décadas de implementada la educación inicial, aún queda mucho por hacer en aras del beneficio de las y los niños peruanos. Ello exige promover acciones -desde el trabajo multisectorial- que garanticen un trabajo articulado y efectivo para la implementación de las políticas y normativa ligadas a este nivel educativo.

Asimismo, la atención y cuidado del niño, requiere de docentes altamente competentes y con vocación. De ese modo, es necesario fortalecer las capacidades docentes en materia de planificación, diseño de material educativo, innovación pedagógica, entre otras. Ello, a fin de construir una educación inicial contextualizada a la realidad global y nacional que vivimos. Hoy, nos toca adaptarnos a una nueva presencialidad que exige poner a la infancia como prioridad y como eje. Y, en definitiva, para asumir dicho reto, se necesita de docentes con identidad y altamente competentes.

Finalmente, el trabajo con las familias es fundamental para garantizar el desarrollo integral de la infancia y la niñez. Como cuidadores principales, deben contar con las herramientas necesarias para brindar un cuidado y crianza respetuosa y segura. Desde las escuelas y desde su rol educador, se deben capacitar a las familias, creando espacios de reflexión, a fin de fortalecer el trinomio educativo comunidad-escuela-familia. Aún queda mucho por hacer ¿qué otros retos presenta la educación inicial? Dejanos tus comentarios.

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