Introducción

En el Perú existen más de 9 000 comunidades campesinas con y sin lenguas originarias (Instituto Nacional de Estadística e Informática, 2017). Estas comunidades conforman una gran parte de la población peruana y se encuentran dispersas en las zonas amazónicas, costeñas y, en su mayoría, en zonas andinas.

En el Perú el campesino está ligado al trabajo de producción agrícola, en la chacra y en el campo, para la subsistencia o la comercialización. De acuerdo con Ramirez (2020), el campesino mantiene un vínculo de apego y dependencia a la tierra. 

Sin embargo, es importante aclarar que esta forma de definir al campesino no debería interpretarse como que son sujetos que viven en el atraso, sin progreso y en la pobreza o como sujetos rebeldes y bandoleros. Estos imaginarios y prejuicios son consecuencia de la relación de poder impuesta por patrones de supuesta superioridad étnica y cultural sobre los campesinos.

Actualmente, ¿estos imaginarios han desaparecido del discurso social que atenta contra la dignidad de estas personas? Frente a este hecho histórico-cultural, ¿cómo podemos hablar del campesino sin denigrarlo?

En los siguientes apartados se propone algunas reflexiones con el objetivo de aportar a la promoción de una sociedad justa y de derecho, desde la descolonización de nuestras ideologías y de las diferencias sociales de jerarquización que atentan contra la dignidad de las personas y de las personas campesinas en específico.

Hablar del campesino desde la conciencia sobre la situación de la colonialidad del poder

Se entiende la colonialidad del poder como la dominación impuesta por una minoría basada en patrones de jerarquía racial y cultural sobre una población autóctona que, pese a ser una mayoría numérica, desde un punto de vista material es considerada inferior frente al grupo dominante (Lischetti, 2004; Quijano, 2015). Desde esta situación de dominación-explotación, las comunidades campesinas fueron despojadas de sus derechos y del reconocimiento social (Lourdes, 2019). 

El abuso de poder ejercido por los hacendados sometió social, física y económicamente a los campesinos, situación que en los años 60 causó movilizaciones. Estas no solo reflejaron la lucha y recuperación de sus tierras, sino, también, el cuestionamiento al poder existente. Sin embargo, para el hacendado estas movilizaciones atentaron contra su hegemonía y el statu quo, llegando a estigmatizarlos como rebeldes, bandoleros, delincuentes. Por primera vez, el Perú profundo se levantaba.

Para las poblaciones campesinas, el despojo de sus tierras y la situación de colonialidad del poder, tal como la conceptualiza Quijano (2015), significó el resquebrajamiento del vínculo de apego e interdependencia con la tierra y de la posibilidad de su subsistencia familiar.

Por ello, hablar del campesino debe hacerse desde una perspectiva histórica-cultural, entendiendo y reflexionando sobre su situación impuesta de subordinación y condición de víctima. Referirse al campesino no debe limitarse a señalarlo como sujeto en el contexto moderno, donde los prejuicios nos han llevado al desconocimiento de su realidad, sino a reconocerlo a través de su historia (Ramirez, 2020).

Hablar de campesino desde una visión no paternalista

La visión no paternalista implica reconocer que los campesinos no se han quedado en una historia estática de dominación y subordinación (Ramirez, 2020) y que han ido construyendo sus prácticas y definiendo sus intereses sociales, políticos y jurídicos según sus necesidades y capacidades.

Asumir una postura paternalista hacia el campesino niega su papel activo, con libertad y con una proyección de vida (Dieterlen, 1988).

Por ello, el reconocimiento del campesino como sujeto de derecho debe partir de la comprensión de su comportamiento, cualidades, desenvolvimiento, hábitos, aptitudes y autonomía, adquiridos dentro de sus condiciones como miembros de una sociedad (Ramirez, 2020).

Es decir, se debe dejar de relacionar al campesino sólo con la productividad de la tierra, para percibirlos como sujetos que poseen su propia identidad, conocimientos, creencias y costumbres que han adquirido a lo largo de la historia.

Por lo tanto, tener en cuenta los derechos del campesino es una forma de incluirlos en los procesos de construcción social y política, dejando de lado prácticas discriminatorias que invisibilizan o rechazan su participación activa en la sociedad (Lizárraga, 2009).

Hablar de campesino como alternativa descolonial

Desde la descolonialidad como alternativa de justicia social, el campesino es referido como ciudadano pleno de derecho, sujeto político y de buen trato. Como menciona Fraser (2008, citado en Ramírez (2020), la falta de reconocimiento jurídico y social contribuyen a la dominación cultural, invisibilización, menosprecio y desvalorización de las comunidades campesinas. En ese sentido, descolonizar se trata de reivindicar los derechos que, históricamente, les fueron negados (Matijasevic, 2015).

Se trata, pues, de liberar los estereotipos creados en torno a los campesinos, como aquellos que los consideran personas sumisas, inferiores, que solo tienen utilidad como mano de obra barata en las urbes, personas sin estudios o conocimientos, entre otros. Hablar de campesinos desde esta ideología es negar y desvincularnos de nuestros orígenes, puesto que estas construcciones discursivas provienen de la imposición de ideas eurocéntricas y occidentales enraizadas y naturalizadas hasta nuestros días.

Entonces, para configurar la paz y buen vivir como sociedad, también, se debe descolonizar, cuestionar y subvertir estas percepciones (Matijasevic, 2015; Ramirez, 2020). En definitiva, descolonizar al campesino como apuesta de derecho y justicia no sólo implica romper con los imaginarios y estigmatizaciones, sino que conlleva a desnaturalizar las diferencias sociales para conocer y reconocer su concepción sobre ellos y sobre el mundo. En otras palabras, lograr ver en el campesino a nosotros mismos.

Conclusiones

Pese a que las comunidades autóctonas, como las campesinas, representan gran parte de la sociedad peruana, siguen siendo sometidas socialmente desde una práctica diferente de la situación de colonialidad del poder (Walsh, 2005). Hoy en día, se siguen reproduciendo estigmatizaciones en el discurso social que atentan contra la dignidad y el derecho de las personas campesinas, y no hacen más que negar los orígenes de nuestra historia.

Para hablar de campesinos resulta necesario, no solo descolonizar estas ideologías, sino, además, la perspectiva paternalista así como desnaturalizar las diferencias de jerarquización social. De esta manera, podremos mirar al campesino como sujeto de derechos, libre, capaz de seguir aprendiendo, con su propia identidad, con sus costumbres y conocimientos. De igual modo, llegar a comprender que los campesinos no se quedaron sumergidos en una historia pasada de dominación y subordinación, sino que trascienden y buscan mejorar sus prácticas teniendo en cuenta sus propias capacidades e intereses sociales, políticos, jurídicos y económicos.

Referencias bibliográficas

Dieterlen, P. (1988). Paternalismo y estado de bienestar. Doxa, 5(1), 175-194. Recuperado de https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/10873/1/Doxa5_09.pdf

Instituto Nacional de Estadística e Informática (2017). Directorio de Comunidades Nativas y Campesinas. Censos Nacionales 2017. Recuperado de https://www.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/publicaciones_digitales/Est/Lib1597/

Lizárraga, P. (2009). La configuración del nuevo Estado en el marco del proceso constituyente en Bolivia. El proyecto dominante y el proyecto emancipatorio del movimiento indígena campesino originario. En P. Lizárraga y C. Vacaflores (Eds.), La persistencia del campesinado en América Latina (pp. 69-86). La Paz, Bolivia: Comunidad de estudios JAINA. Recuperado de http://biblioteca.clacso.edu.ar/Argentina/iigg-uba/20161104024237/Persistencia.pdf

Lischetti, M. (2004). La Antropología como disciplina científica. En Antropología (pp.10-66). Buenos Aires: Editorial Universidad de Buenos Aires. Recuperado de https://cazembes.files.wordpress.com/2014/03/lischetti-m-la-antropologc3ada-como-disciplina-cientifica.pdf

Lourdes, M. (2019). Los movimientos campesinos de la sierra peruana: una mirada desde la colonialidad/descolonialidad del poder (1959-1969). Revista digital de Ciencias Sociales, 6(10), 101-124. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6868102.pdf

Matijasevic, M. (2015). Experiencias de reconocimiento y menosprecio en campesinas y campesinos de Caldas (tesis de doctorado). Universidad de Manizales, Caldas, Colombia. Recuperado de http://biblioteca.clacso.edu.ar/Colombia/alianza-cinde-umz/20160121124205/MariaTMatijasevic.pdf

Quijano, A. (2015, 25 de agosto). III Congreso Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales. Conferencia magistral inaugural presentada en III Congreso Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales de FLACSO Ecuador, Quito, Ecuador. Recuperado de https://youtu.be/OxL5KwZGvdY

Ramirez, J. (2020). El campesinado como sujeto de derechos en el S. XXI: Una mirada desde el caso colombiano. Recuperado de https://bibliotecadigital.udea.edu.co/bitstream/10495/19344/1/RamirezJose_2020_CampesinadoSujetoDerecho.pdf

Unesco (2015). La Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Recuperado de https://worldtop20.org/global-movement?gclid=Cj0KCQjwma6TBhDIARIsAOKuANzVBgooN8dmRhrNFsZMb69jWFMF9pHwK4CWhmyugpcdFAFdH5pMk_MaAo5iEALw_wcB

Walsh, C. (2005). Interculturalidad, conocimientos y decolonialidad. Signo y Pensamiento, 48(24), 39-50. Recuperado de https://www.redalyc.org/pdf/860/86012245004.pdf

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Jackeline Noemí Boza Taype es estudiante de décimo ciclo de la carrera de Educación secundaria con especialidad en Lengua y Literatura de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM). Proveniente de la Región de Huancavelica y beneficiario de la Beca Vocación de Maestro 2017 – Pronabec.

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Estudiante del décimo ciclo de la carrera de Educación Secundaria con especialidad en Lengua y Literatura de la Universidad Antonio Ruíz de Montoya. Beneficiario de la Beca Vocación Maestro 2017-Pronabec.

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Flor Karina Quicaño Huamán es estudiante de décimo ciclo de la carrera de Educación secundaria con especialidad en Lengua y Literatura de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM). Becada en Beca Vocación de Maestro convocatoria 2017.


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