La educación alternativa es entendida como aquellos espacios donde se pueden desarrollar la autoafirmación y las capacidades relacionadas con la construcción de la identidad y de un proyecto de vida (Chacón & Fuguet, 2014). Es decir, estos espacios trascienden el marco espacial de la escuela, ya que apuestan por una educación sin muros, sin rigidez, sin estandarización y sin homogeneización como la educación tradicional o formal. La educación tradicionalista limita e impide el desarrollo libre de las capacidades y habilidades de los estudiantes, pues dejan de lado la idea de que cada estudiante es diverso y único en su forma de aprender.

A diferencia de la educación tradicionalista, los espacios alternativos buscan propiciar un aprendizaje libre y espontáneo, donde cada persona se sienta motivado, autónomo y pleno en su aprendizaje (Chacón & Fuguet, 2014). Es así que, la presencia de los espacios alternativos en las zonas rurales es fundamental, puesto que, en este contexto, la educación de la población desde siempre fue inequitativa.

Desde ello, se plantea la lectura comunitaria como espacio de educación alternativa en la población rural de Ayacucho. Pues en su población persisten problemas de analfabetismo, educación de mala calidad y pocas oportunidades formativas, lo que ocasiona una estrecha relación entre la desigualdad social y educativa (Valer, 2011).

La significación de la lectura para la cultura y desarrollo de la sociedad

En el contexto rural, se da la necesidad de crear espacios educativos alternativos, porque enriquecen y motivan la formación integral de las personas tomando en cuenta los valores culturales e históricos de su contexto. Así, los espacios de lectura son un componente fundamental en el proceso de este tipo de educación, ya que proveen recursos para el fortalecimiento de un aprendizaje significativo, el desarrollo del pensamiento crítico, y la formación personal y comunitaria (Ramírez, 2002). Son, por lo tanto, espacios que surgen de acuerdo a las necesidades culturales de la comunidad.

Dentro de estos espacios alternativos, se pretende fomentar los hábitos de lectura, compartir ideas e intercambiar conocimientos, valores y actitudes entre las personas más adultas y las de menor edad. Propiciando un aprendizaje más enriquecedor, dinámico y comunitario. Desde esta percepción, se pretende postular que la escuela no debería ser la única ni la principal responsable de la educación de los ciudadanos de un país y que la infancia y la adolescencia no son las únicas edades para aprender (Loaiza, 2016).  

La importancia de promover la lectura en el desarrollo de la cultura y de la sociedad.

La percepción de la lectura, desde la escuela tradicional, se caracteriza por su obligatoriedad. Ello no permite el gozo y gusto por los libros, llegando a limitar la construcción de diversos conocimientos, y a la comprensión del otro, de la naturaleza y de la sociedad.

Por ello, se ha visto la necesidad de traspasar esas fronteras e introducir la lectura en otros espacios no convencionales para el aprovechamiento público. Estos espacios van a potenciar el proceso de significación y comprensión de la cultura y la sociedad, aportando así en la construcción de un sentido propio de la vida, formación de la identidad, potenciación de la sensibilidad, y en el aumento de la comprensión y la auto comprensión de realidades emergentes (Loaiza, 2016).

 En ese sentido, el espacio propuesto será favorable para la promoción de la lectura en un contexto real y útil donde los participantes encontrarán un sentido para desarrollar el gusto por la lectura, la creatividad y la sociabilidad.  Pues la lectura, abre puertas al conocimiento, a la libre expresión de los pensamientos e ideas, y genera que una sociedad sea capaz de mejorar las relaciones humanas. Es así que, una lectura comunitaria pretende acortar las relaciones intergeneracionales, a fin de generar un intercambio de experiencias y aprendizajes entre personas de diversas edades.

La lectura comunitaria como espacio de reflexión, conservación y difusión del patrimonio cultural

Dentro del campo de la lectura comunitaria se generan espacios de reflexión y convivencia entre las personas y los textos endógenos (propias de su cultura) y exógenos (externa o distinta) de su cultura. Este último, permitirá que los participantes puedan comprender otras realidades, ampliar sus conocimientos en diversos campos o temas y trascender su realidad.  Es por ello, que la lectura comunitaria como espacio de reflexión recae en la socialización de componentes interiores, exteriores y de equipamiento con el fin de facilitar el aprendizaje en las personas (Remess & Winfield, 2008).

La difusión de la lectura comunitaria no se desarrolla en las zonas rurales de la región ni del país. Si bien se ha visto proyectos que fomentan la lectura; estas solo están dirigidas a un grupo en específico (estudiantes, adultos mayores, padres de familia, etc.), lo cual hace que no se dé una lectura en comunidad ni en convivencia.

Es así que el espacio de la lectura comunitaria, como un agente social dinamizador en la democracia, actuará como un agente cohesionador en la interrelación de diferentes grupos de la comunidad rural. Proporcionando libre acceso a la información, y con ello al aprendizaje, logrando en las personas un incremento de conocimientos, la capacidad de opinar y resolver críticamente temáticas de su entorno local (Ramírez, 2002). A esto, se suma que la lectura comunitaria permitirá el rescate de pensamientos, historias y conocimientos de la cultura (Loaiza, 2016), propiciará el trabajo cognitivo de las personas, así como otras dimensiones: emocionales, sentimentales, relacionales y artísticas (Garagarza, Alonso & Aguirregoitia, 2019).

Finalmente, la lectura comunitaria dentro de los espacios rurales contribuirá en la recopilación, conservación y difusión del patrimonio de la comunidad y del país (Ramirez, 2002). Puesto que, como se mencionó anteriormente, son lugares de encuentro, de comunicación y participación, en la que personas de diferentes edades conviven y desarrollan conjuntamente conocimientos a través de la transmisión intergeneracional de saberes (Garagarza, Alonso & Aguirregoitia, 2019). De igual manera, los participantes crearán sus propios significados de la realidad o del mundo en la medida en que se involucran y comprometen, generando a la misma vez un sentido de pertenencia e identidad del cual nadie se autoexcluya ni sea excluido (Remess & Winfield, 2008).

Para la concreción del espacio propuesto se debe partir desde el reconocimiento y apoyo de instancias públicas como las municipalidades; esto con la finalidad de que brinden soporte para la adquisición de materiales como libros o textos para la comunidad. Esto a fin de que se tome énfasis en la difusión de los servicios para que el poblador tenga conocimiento de la existencia de un espacio de lectura dentro de su comunidad (Domínguez, 2002). Asimismo, para que este espacio alternativo sea pertinente, es necesario contar con uno o dos encargados, quienes, en primer lugar, puedan capacitar a los pobladores sobre el manejo del espacio de lectura. En segundo lugar, para que puedan guiar y orientar a los participantes en el uso de los materiales (libros o textos) o generar espacios sanos donde las personas (de diversas edades) puedan compartir y convivir.

Reflexiones finales 

A modo de conclusión, los espacios educativos alternativos permiten hacer frente a los retos educativos del presente y del futuro, pues nos ofrecen nuevas metodologías de enseñanza y aprendizaje, libertad, respeto, autonomía, empoderamiento, creatividad y participación protagónica. Así, la lectura comunitaria como espacio alternativo en las zonas rurales de Ayacucho, permite que los participantes de diversas edades puedan ser protagonistas de sus aprendizajes, puedan convivir, interactuar y compartir diversas experiencias, y puedan encontrar otras realidades en los libros endógenos y exógenos a su cultura.

El objetivo principal de este espacio es ofrecer oportunidades diferentes de aprendizaje, como una invitación a interactuar con la realidad y generar una actitud abierta a los cambios que se originan dentro de la cultura y la sociedad.

Referencias bibliográficas

Chacón, P & Fuguet, L (2014). Propuesta para la creación de un espacio de atención pedagógica infantil para la comunidad de influencia universitaria. Revista de Investigación 83 (38), pp, 111-134.

Domínguez, A. (2002). El rol de la biblioteca comunal “Señor cautivo de Chungayo” en el fomento de la lectura: Diagnóstico y propuestas. (tesis de licenciatura). Universidad Mayor de San Marcos. Lima.

Garagarza, A., Alonso, I. & Aguirregoitia, M. (2019). El auge del movimiento de educación alternativa, antecedentes, características y reflexiones sobre su futuro. Revista boletín Redipe, 9(1), pp. 40-54.

Loaiza, C (2016). Promoción de lectura y escritura en espacios no convencionales (tesis de licenciatura). Universidad distrital Francisco José Caldas. Bogotá.

Ramírez, A (2002). El rol de la biblioteca comunal “Señor Cautivo de Chungayo” en el fomento de la lectura y propuestas (tesis de pregrado).  Universidad Nacional de San Marcos. Lima.

Remess, M & Winfield, F (2008). Espacios educativos y desarrollo: Alternativas desde la sustentabilidad y la regionalización Investigación y Ciencia. Investigación y Ciencia, 16 (42), pp, 45-50.

Valer, F. (2011). Política para la Educación de jóvenes y adultos para la región Ayacucho. Tarea Asociación de Publicaciones Educativas.

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Jackeline Noemí Boza Taype es estudiante de noveno ciclo de la carrera de Educación secundaria con especialidad en Lengua y Literatura de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM). Proveniente de la Región de Huancavelica y beneficiario de la Beca Vocación de Maestro 2017 – Pronabec.

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Flor Karina Quicaño Huamán es estudiante de noveno ciclo de la carrera de Educación secundaria con especialidad en Lengua y Literatura de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM). Becada en Beca Vocación de Maestro convocatoria 2017.


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