En la educación, la evaluación es un factor muy importante puesto que este tiene una influencia en el desarrollo del proceso enseñanza-aprendizaje. Desde la historia de la evaluación, se sabe que esta ha sido utilizada con una función de aprobar a las o los estudiantes en relación al manejo de la información impartida. Más no como actualmente se entiende, una oportunidad en el que los estudiantes puedan poner en juego sus conocimientos o saberes y puedan reconocer sus logros, debilidades y fortalezas (Anijovich y Cappelletti, 2017). Sin embargo, a pesar de que hace unas décadas se había propuesto la nueva mirada, las estructuras clásicas de la evaluación aún siguen inamovibles (López, Ugalde, Rodríguez y Rico, 2015).

Según los diversos autores consultados por Pérez (2016) la sociedad actual globalizada e interconectada por las TIC, es también una sociedad desestructurada, dividida, individualizada, etc. Pues enfatizan que la sociedad de hoy se caracteriza por la precariedad de los vínculos humanos y la volatilidad de las relaciones, en el que lo privado ha cobrado un valor especial y el individualismo se incrementó a través de la preferencia de vida en solitario. Asimismo, el sujeto actual, disfruta de la hiperconectividad, pero la incapacidad para relacionarse con los más cercanos es evidente (Giddens, 2002, Castells, 2002, Stglitz 2002, Bauma, 2012, Tourain, 2005, Sloterdijk, 2005, Tezanos, 2009, Pigem, 2009, Rifkin 2011, Shiller, 2012 y Krugman, 2012 citados por Pérez, 2016). Ante ello, es tarea de la educación, formar y educar ciudadanos críticos, reflexivos, responsables y con habilidades de trabajar en equipo, que la sociedad actual necesita.

Así, en este panorama, entender la evaluación como oportunidad implica pensar su uso en la mejora de la enseñanza, desde allí dos cuestiones para el evaluador. Por un lado, la posibilidad de pensar en una enseñanza que busca que los estudiantes sigan siendo sujetos meramente receptores y reproductores de la información recibida. Por otro lado, pensar en una enseñanza facilitadora del aprendizaje, en el que el estudiante, sujeto de conocimiento, use su conocimiento en diversas situaciones reales de la vida (Anijovich y Cappelletti, 2017).

En ese sentido, es más crucial buscar una enseñanza con el protagonismo del estudiante, pero, para ello es fundamental también hacer uso de las metodologías de evaluación que promueven un cambio de paradigma y planteen una transición, desde un modelo vertical de transmisión del conocimiento, hacia un modelo en el que se combinan el trabajo individual y el cooperativo (López, Ugalde, Rodríguez, Rico y 2015). Una de estas evaluaciones es la evaluación por proyectos, que busca que él y la estudiante a través de un trabajo en equipo ponga en práctica sus conocimientos en situaciones concretas.

Desde ello, en este artículo se plantea las siguientes preguntas: ¿Qué es la evaluación por proyecto? y ¿Qué implica su uso?, los cuales se abordará desde el enfoque del aprendizaje basado en proyectos, el cual está vinculada con esta evaluación, se desarrollará el rol del docente y estudiante en este entorno y las consideraciones de la evaluación basado en proyectos.

Papel del docente y estudiante en el aprendizaje basado en proyectos

En primer lugar, para hablar de la evaluación por proyectos es necesario saber qué es un proyecto, y el aprendizaje basado en ello, ya que es considerado como una de las alternativas más viables para el desarrollo de competencias de los estudiantes. Según Frola y Velásquez (2011), el proyecto se refiere a una investigación profunda sobre un tema, esto reside en una investigación del tema y en la búsqueda de respuestas. Asimismo, (Cobo y Valdivia, 2017) mencionan que por proyectos se entiende el conjunto de actividades articuladas, con el fin de generar productos o comprensiones de la problemática.

Desde ello, el aprendizaje basado en proyectos (ABP) es una metodología y modelo de enseñanza-aprendizaje que busca que las y los estudiantes, a través del desarrollo de un proyecto se enfrenten a diversas situaciones reales y puedan plantear soluciones o propuestas de manera colaborativa. Los estudiantes pueden planear, implementar y evaluar actividades con el fin de aplicar sus conocimientos e ideas en el mundo real, fuera del aula (Cobo y Valdivia, 2017 y Villagrá, Molina, Llorens y Gallego, 2020).

En ello, la y el docente se pone a disposición de las y los estudiantes y tiene una función de facilitador, mediador y acompañante en la construcción del propio conocimiento del estudiante. Es guía y orientador del proceso de diseño y de la implementación de las actividades en el proyecto. Asimismo, el docente se vuelve aprendiz, ya que esta metodología parte de principios democráticos, en el que pierde parte de su poder, y juntamente con sus estudiantes irá generando aprendizajes (Frola y Velásquez, 2011 y Cobo y Valdivia, 2017).

En ese sentido, las ventajas de emplear un aprendizaje basado en proyectos se enmarcan en que los y las estudiantes tendrán mayor motivación y participación. Asimismo, permitirá el desarrollo de habilidades y competencias como: trabajo en equipo, comunicación efectiva, planificación-gestión, toma de decisiones y resolución de problemas; que son fundamentales para afrontar diversas situaciones reales (Villagrá, Molina, Llorens y Gallego, 2020).

Las y los estudiantes, en el ABP tienen un papel protagónico, se vuelven agentes capaces de generar impacto en su entorno. Eligen el tema del proyecto desde sus intereses, de tal manera que los contenidos se adaptan a sus intereses y a su curiosidad, y ponen en práctica sus conocimientos estimulando el aprendizaje colaborativo y cooperativo (Frola & Velásquez, 2011 y Cobo y Valdivia, 2017). Dicha relación horizontal entre los dos agentes permite un mejor desarrollo del proceso enseñanza-aprendizaje.

Villagrá, Molina, Llorens y Gallego, (2020) desde la investigación realizada con estudiantes de la Universidad de Alicante-España comprobaron que el ABP mejora las relaciones entre el profesorado y alumnado, pues este se vuelve más cercano a comparación con las metodologías clásicas. Vieron que la posibilidad de obtener la calificación de varias asignaturas por la realización de un solo proyecto es motivadora para los y las estudiantes. También, la preocupación por las calificaciones parciales de las asignaturas disminuyó y se enfocaron más en la retroalimentación brindado por el profesorado como de sus compañeros.

Asimismo, este tipo de aprendizaje es viable en contextos como la coyuntura actual, pues Chambilla, Puma y Ramos, (2021) comprobaron que la aplicación del ABP incide de manera significativa en el logro de las competencias profesionales durante la pandemia. Observaron que los estudiantes de la Universidad Nacional Amazónica de Madre de Dios Puerto Maldonado – Perú, tuvieron mayor participación durante el proceso de aprendizaje, así como potenciaron el trabajo en equipo.

Si bien la bibliografía sobre experiencias del ABP abunda en contextos universitarios, reflejan que es viable el desarrollo del ABP en diversos contextos, pues es un espacio propicio para poner en práctica el aprendizaje y afrontar casos de vida real.

La implicancia de la evaluación por proyectos

La enseñanza y la evaluación se interrelacionan, puesto que la manera de enseñar determina la manera de evaluar (Trujillo, 2013). Desde ello, la evaluación del aprendizaje abordado es la evaluación por proyectos, busca evaluar no sólo el producto o resultado de aprendizaje, que aún persiste, sino también todo el proceso de aprendizaje, ello en marco de los principales criterios a evaluar propuestos de los objetivos del curso o cursos. Es esa evaluación continua, tanto formativa como sumativa, centrada no solo en el producto sino en el proceso, que hace de la evaluación por proyectos muy viable (Trujillo, 2013). Además, que un proyecto se puede trabajar desde una disciplina curricular o de varias.

Así, esta evaluación es continua, a lo largo del desarrollo o implemento del proyecto se deben pautarse presentaciones, entregables y actividades concretas que permitan analizar el avance de los grupos (Cobo & Valdivia, 2017). La evaluación es importante durante el proceso educativo, pues permitirá visualizar los objetivos alcanzados, las dificultades en logro de los mismos y determinar si el proyecto educativo es adecuado. Mientras en relación al producto final, evaluará si se han realizado todas las fases del proyecto, si se ha alcanzado el producto esperado, el impacto y la satisfacción de los participantes, si hay un cambio en los estudiantes después del proyecto, etc. (Cobo & Valdivia, 2017).

Pues, este tipo de evaluación cumple con la función más pedagógica que de certificación (aprobar o no), es de carácter formativa y aporta información útil para reorientar la enseñanza, ya que da al docente la responsabilidad de retroalimentar a los estudiantes sobre sus procesos y logros, de modo que la evaluación se integra con la enseñanza y el aprendizaje de un modo más auténtico (Anijovich & Cappelletti, 2017).

Una evaluación no solo se trata de acreditar conocimientos, sino de promover también la toma de conciencia sobre sus aprendizajes. En ese sentido, es muy importante la acción reguladora de la evaluación por proyectos, le permita valorar los logros de los estudiantes, revisar, ajustar las estrategias de enseñanza, la planificación y la misma evaluación (Anijovich & Cappelletti, 2017).

El papel evaluador del estudiante

Por último, en marco de la realización evaluativa, este no sólo se limita a ser hecha por el docente, sino también por los mismos estudiantes o grupos ABP, en este caso hablamos de la autoevaluación y la coevaluación, fundamentales para que el estudiante tome conciencia de sus resultados, de sus esfuerzos y de su evolución (Trujillo, 2013).

La autoevaluación permite realizar al estudiante evaluar su propio proceso de aprendizaje, tener una valoración del progreso como de aquellos aspectos que siguen siendo dificultades. Dota al alumnado de mayor autonomía y refuerza su capacidad crítica (Villagrá, Molina, Llorens y Gallego, 2020). Por su parte, la coevaluación permite que haya una evaluación entre compañeros, desarrolla la capacidad de dar retroalimentación y apreciar el desempeño y aprendizaje de los pares.

En este sentido, al aplicar estas maneras de evaluación, la tarea del docente consiste en facilitar los mecanismos para que los estudiantes se puedan autoevaluar y coevaluar eficazmente y puedan ser más conscientes de sus aprendizajes y dificultades. (Trujillo, 2013).

Reflexiones finales

A modo de conclusión, se puede afirmar que hay una estrecha relación entre enseñar, aprender y evaluar, así la evaluación por proyectos está estrechamente relacionada con el aprendizaje basado en proyectos. En este tipo de aprendizaje, los docentes son guías y acompañantes y los estudiantes toman protagonismo en su aprendizaje. Desde ello, se evidencia que la enseñanza-aprendizaje basadas en proyectos constituye una herramienta evaluativa útil en la enseñanza de todos los niveles de educación. Así, la evaluación por proyectos permite a las y los estudiantes a reconocer y mejorar en diversas habilidades, destrezas e integrar conocimientos teóricos y prácticos, propicia el trabajo en equipo y valora el aprendizaje progresivo y su implementación en una situación retadora. En este sentido, es recomendable trabajar con esta metodología e implementar la evaluación por proyectos ya que permite mejorar la acción pedagógica, mejorar la enseñanza y por ende la formación y aprendizaje de los educandos.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Anijovich, R. & Cappelletti, G. (2017). La evaluación como oportunidad. Recuperado de http://fcen.uncuyo.edu.ar/catedras/laevaluacioncomooportunidadanijovichcappelletticompressed.pdf

Chambilla,Y., Puma, M. y Ramos, C. (2021). Aprendizaje basado en proyectos y su incidencia en el logro de las competencias profesionales en tiempos de pandemia de los estudiantes de la Escuela Profesional de Educación de la UNAMAD – 2020. Revista Científica Multidisciplinar, 5(3). Recuperado de: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v5i3.505

Cobo, G. & Valdivia, S. (2017). Aprendizaje basado en proyectos. Recuperado de https://idu.pucp.edu.pe/wp-content/uploads/2017/08/5.-Aprendizaje-Basado-en-Proyectos.pdf

Frola, P. & Velásquez, J. (2011). Estrategias didácticas por competencias, diseños eficientes de intervención pedagógica para la Educación Básica, Media Superior y Superior.

López, Ugalde, Rodríguez & Rico (2015). La enseñanza por proyectos: una metodología necesaria para los futuros docentes. Opción, 31(1), pp. 395-413. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=31043005022

Martí, J., Heydrich, M., Rojas, M. & Hernández, A. (2010). Aprendizaje basado en proyectos: una experiencia de innovación docente. Revista Universidad EAFIT, 46(158), pp. 11-21. Recuperado de http://www.redalyc.org/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=21520993002

Pérez, G. (2016). Diseño de Proyectos sociales: aplicaciones prácticas para su planificación, gestión y evaluación. Narcea Ediciones.

Trujillo, F. (2013). Aprendizaje basado en Proyectos. Pp 2-17. Recuperado de http://formacion.intef.es/pluginfile.php/37233/mod_resource/content/1/PDF/5_AbP_bloq3_u1.pdf

Villagrá, C., Molina, R., Llorens, F. y Gallego, F. (2020). Aprendizaje basado en proyectos grandes: experiencia y lecciones aprendidas. Ediciones OCTAEDRO. Recuperado de: http://diposit.ub.edu/dspace/bitstream/2445/169619/1/CDU_41_spa.pdf

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Flor Karina Quicaño Huamán es estudiante de décimo ciclo de la carrera de Educación secundaria con especialidad en Lengua y Literatura de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM). Becada en Beca Vocación de Maestro convocatoria 2017.

Categorías: Cursos UARM

Flor Quicaño Huamán

Flor Karina Quicaño Huamán es estudiante de décimo ciclo de la carrera de Educación secundaria con especialidad en Lengua y Literatura de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM). Becada en Beca Vocación de Maestro convocatoria 2017.

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