Este día, 22 de abril del 2021, se discute, por primera vez, el proyecto de Ley que reconoce los Derechos de la Madre Naturaleza, los Ecosistema y las Especies en el Congreso de la República de nuestro país. Este proyecto ya fue aprobado en la Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos Afroperuanos, Ambiente y Ecología. Asimismo, hoy se celebra el Día Internacional de la Madre Tierra. Día que fue instituido, en el 2009, por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Sin embargo, ya desde muchísimos años atrás, nuestros pueblos indígenas, campesinos, afroperuanos practicaban el respeto a nuestra Madre Tierra.

¿Por qué es importante el cuidado de la naturaleza?

La ONU comenta que hoy más que nunca se necesita un cambio a una economía más sostenible que funcione tanto para las personas como para el planeta. En palabras de Rita Segato, necesitamos un cambio que se cultive desde darnos cuenta que no somos dueños y dueñas de tierra, sino que pertenecemos a ella. Esto lo hemos podido concientizar más con lo vivido en esta pandemia. Donde supimos que no estamos exentos de las repercusiones que sucedan a la tierra. 

En el artículo de las NNUU por este día, se menciona: “El cambio climático, los cambios provocados por el hombre en la naturaleza, así como los crímenes que perturban la biodiversidad, como la deforestación, el cambio de uso del suelo, la producción agrícola y ganadera intensiva o el creciente comercio ilegal de vida silvestre, pueden aumentar el contacto y la transmisión de enfermedades infecciosas de animales a humanos (enfermedades zoonóticas).”

Así como mencionan que: “De acuerdo con el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), una nueva enfermedad infecciosa emerge en los humanos cada 4 meses. De estas enfermedades, el 75% provienen de animales. Esto muestra las estrechas relaciones entre la salud humana, animal y ambiental”.

¿Cómo estamos cuidando a nuestra Madre Tierra en Perú?

Mongabay Latam, importante agencia de periodismo ambiental en Latinoamérica, publica, sólo hace 3 días, que la empresa Pluspetrol Norte se niega a remediar los daños causados por derrames de petróleo crudo en la Amazonía de nuestro país. Así como, que, hasta el día de hoy, hay más de 1 500 sitios impactados por derrames de petróleo en la Amazonía peruana. Y no se sabe ni si quiera si las empresas asumirán la remediación de estos derrames de petróleo.

Por otro lado, el 10 de abril, esta agencia periodística también denuncia la tala ilegal y el narcotráfico que sucede en la Amazonía peruana y da voz a Marisol García Apagüeño, Lideresa Kichwa. Quien defiende la tierra donde viven en armonía con la naturaleza comunidades kichwas. Asimismo, señalan, este mismo mes, que se sigue construyendo la carretera que amenaza la Reserva Nacional de Paracas. Esta carretera de 55 kilómetros sería perjudicial para los ecosistemas de esta reserva nacional, según Sernanp (Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado) del Perú. Podríamos seguir con el recuento de más acciones en contra de la Madre Tierra.

Citando al Papa Francisco en su inspiradora encíclica Laudato Si: sobre el cuidado de la Casa Común (2015): «Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos (…) estas situaciones provocan el gemido de la hermana Tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo» (n.53). Sobre este tema, reflexionamos un poco más en el artículo Educación y crisis.

Asimismo, los atentados contra las luchadoras y los luchadores por la tierra se incrementan.  Servindi, agencia de noticias sobre pueblos indígenas en Latinoamérica, informa que “En 2020 se registraron 202 asesinatos en países como Colombia, Brasil, Perú y Bolivia. Esto significaría que cada dos días, en promedio, muere un defensor en la Amazonia”.

La Madre Tierra no es un recurso, ni un objeto

Herman Hesse escribe: “El árbol dice: en mí hay escondido un núcleo, una luz, un pensamiento.” Y he escuchado a maestros y curanderos shipibos decir: “la Tierra te habla y si estuvieses más atento (humilde) podrías recibir su sabiduría”.

Grimaldo Rengifo nos comparte: “El runa (persona) cría a la naturaleza pero también se siente criado por ella, y siendo así, el cultivo, la crianza no es una acción que se orienta de un sujeto activo a otro pasivo para transformar a éste último, sino una acción recíproca en la que al criar se es también criado. Uno de los espacios en la crianza actual de la naturaleza por el quechua-lamas es la chacra”. Desde esta visión, la Madre Tierra no es un recurso explotable o manejable por el ser humano. Sino tanto naturaleza como humano dialogan, se crean, cuidan, protegen.

Leonardo Boff nos hace un llamado a la reflexión: “Necesitamos, urgentemente, una ética regeneradora de la Tierra, que le devuelva la vitalidad vulnerada a fin de que pueda continuar regalándonos todo lo que siempre nos ha regalado. Será una ética del cuidado, de respeto a sus ritmos y de responsabilidad colectiva”.

El problema no es la naturaleza rebelde a la domesticación que se sigue realizando hasta hoy. Si no, como explica Boff, en su obra La Tierra está en nuestras manos, qué haremos con el ser humano. Ser que se define como el depredador ecológico más devastador que ha existido sobre la faz de la Tierra.

Como educadoras y educadores, desde nuestro lugar de enunciación y tomando nuestra responsabilidad, podemos visibilizar, reflexionar y apostar, dentro y fuera de las aulas, sobre lo contaminante que es la visión antropocéntrica. En donde se cree que el hombre es la medida de las cosas. Esta visión nos ha llevado, en gran medida, a la crisis ambiental que vivimos y a esta pandemia. Así como a la objetualización de la Madre Tierra, animales e incluso de nuestros mismos cuerpos humanos.

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