La transición de la educación al trabajo es uno de los momentos más decisivos en la vida de las y los jóvenes. En las zonas rurales de América Latina, este tránsito suele darse en condiciones atravesadas por la vulnerabilidad socioeconómica, la limitada oferta educativa en el territorio y la informalidad del mercado laboral local. En ese escenario, la educación técnico-productiva aparece como una alternativa que busca articular la formación con las dinámicas productivas del entorno y ampliar las posibilidades de inserción laboral o continuidad educativa de quienes egresan. Sin embargo, sigue abierta la pregunta por su capacidad real para transformar las trayectorias de la juventud rural, más aún en el caso peruano, donde la evidencia empírica sobre este punto todavía es reducida. En ese marco, resulta especialmente relevante el estudio reciente de investigadores del IIPE-UARM, que examina las trayectorias educativas y laborales de jóvenes egresados de un programa de articulación entre formación técnico-productiva y escuelas secundarias rurales en la provincia de Huancabamba, Piura (Egúsquiza Loayza et al., 2026)

¿Por qué mirar las trayectorias de la juventud rural técnica? 

La evidencia latinoamericana muestra que las juventudes rurales enfrentan una doble exclusión, territorial y de clase, que restringe tanto su acceso a empleos formales como a estudios superiores. En el Perú, la educación técnico-productiva, particularmente la ofrecida por los CETPRO, ha sido pensada históricamente como una vía para mitigar desigualdades estructurales en el acceso a oportunidades laborales y formativas. No obstante, buena parte de la literatura nacional sobre estos centros se ha concentrado en evaluar si los perfiles de egreso responden al mercado laboral, sin detenerse con suficiente profundidad en las trayectorias educativas y vitales del estudiantado más allá del empleo o el emprendimiento. 

Allí radica uno de los principales aportes de la investigación de Egúsquiza Loayza et al. (2026). Más que preguntarse únicamente si la formación técnica “sirve” para insertarse en el mercado, el estudio reconstruye, desde un enfoque cualitativo, cómo se configuran realmente las trayectorias de jóvenes egresados en un contexto de alta ruralidad y vulnerabilidad socioeconómica. Con ello, aporta evidencia valiosa para comprender de qué manera la educación técnica puede operar como mecanismo de movilidad social y articulación con el trabajo, pero también dónde encuentra sus límites en territorios rurales del Perú. 

En este contexto, la investigación busca colmar precisamente ese vacío. Al explorar con enfoque cualitativo cómo se configuran las trayectorias reales de jóvenes egresados en un contexto de alta ruralidad y vulnerabilidad socioeconómica, el estudio aporta evidencia empírica para comprender de qué manera la educación técnica actúa, y dónde encuentra sus límites, como mecanismo de movilidad social y de articulación con el mundo del trabajo en territorios rurales del Perú. 

Sobre el estudio: programa, territorio y enfoque 

La investigación se centra en el Sistema de Articulación del Programa Horizontes (SAPH), una iniciativa impulsada por UNESCO Perú y ejecutada por el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA) en el distrito de San Miguel de El Faique, provincia de Huancabamba, Piura. El SAPH articuló tres instituciones educativas secundarias del distrito con el CETPRO “Esteban Buscemi”, de modo que los estudiantes pudieran llevar de manera simultánea la formación escolar y la técnico-productiva en los módulos de Industrias Alimentarias y Producción de Hortalizas desde tercero de secundaria, accediendo así a una doble certificación. El programa funcionó entre 2019 y 2023 y alcanzó una población de 270 egresados en sus tres últimas promociones. 

Desde el punto de vista metodológico, el estudio adopta un enfoque cualitativo fenomenológico orientado a reconstruir trayectorias educativas y laborales a partir de las narrativas de los propios actores. Para ello, se realizaron 23 entrevistas semiestructuradas a perfiles diversos: egresados y egresadas, docentes y directivos de las instituciones participantes, así como microempresarias vinculadas al territorio. El análisis se desarrolló mediante codificación abierta, axial y selectiva con Atlas.ti 24, y permitió identificar cinco categorías analíticas: inserción y progresión laboral, continuidad educativa, competencias técnicas y emprendimiento, habilidades socioemocionales y repertorios de acción, y expectativas profesionales y construcción del proyecto de vida. 

Qué muestran las trayectorias 

Uno de los hallazgos más importantes del estudio es que la articulación técnico-productiva no funciona como garantía, sino como mediación. La certificación del CETPRO facilita el ingreso al mercado de trabajo y amplía horizontes formativos, pero la progresión laboral no sigue una lógica lineal ni automática. Más bien, se configura como un proceso negociado, atravesado por avances, pausas, desvíos y retornos, en función de las oportunidades disponibles en el territorio y de los recursos sociales y familiares con los que cuenta cada joven. 

En términos laborales, los empleos existentes en el sector agropecuario y de industrias alimentarias son, en su mayoría, estacionales, lo que limita la posibilidad de una progresión sostenida. En ese contexto, el emprendimiento aparece como una estrategia de continuidad frente a la escasez de empleo formal, aunque no necesariamente como un mecanismo claro de ascenso social. A ello se suma un patrón recurrente de trabajo-para-estudiar, en el que el empleo funciona como puente financiero para sostener estudios posteriores o reencauzar vocaciones. 

En cuanto a la continuidad educativa, el estudio muestra que las y los egresados no siguen trayectorias lineales ni quedan determinados exclusivamente por la oferta formativa de su entorno. Sus recorridos se construyen a partir de secuencias negociadas entre vocación, recursos y oportunidades territoriales. En ese sentido, la formación técnica opera como una plataforma que amplía horizontes y habilita decisiones posteriores, incluso cuando estas se alejan del perfil técnico inicial. Que algunos egresados opten luego por carreras como cosmetología, aviación o enfermería no expresa una desconexión con el CETPRO, sino más bien procesos de exploración vocacional más amplios. 

El estudio también da cuenta de la pertinencia de las competencias técnicas en relación con la economía local, aunque con ciertos matices. En el módulo agropecuario, por ejemplo, algunos docentes señalan que la formación tiende a reproducir saberes que los jóvenes ya traen de sus hogares, lo que abre una pregunta por la pertinencia y el valor agregado real del currículo. En contraste, las habilidades socioemocionales (como la empatía, el trabajo en equipo, la comunicación asertiva y la resiliencia) aparecen como una suerte de infraestructura invisible de las trayectorias: potencian la formación técnica, fortalecen capacidades de negociación y liderazgo, y sostienen los recorridos de las y los egresados en contextos de alta vulnerabilidad. 

El género como condicionante estructural 

Una dimensión que emergió con especial fuerza en la investigación, pese a no haber estado prevista desde el diseño original, es el género como condicionante estructural de las trayectorias. Las egresadas deben enfrentar una doble exigencia: demostrar sus capacidades técnicas en contextos donde persisten imaginarios restrictivos sobre lo que pueden o no pueden hacer, y al mismo tiempo negociar sus aspiraciones educativas y laborales con los roles que se les asignan dentro del hogar. Así, as labores de cuidado operan como un factor que reorganiza tiempos y secuencias vitales, postergando o limitando tanto la continuidad educativa como la inserción laboral de las mujeres. 

Aun así, el estudio también registra transformaciones relevantes. Se observa participación de varones en actividades históricamente asociadas a las mujeres, liderazgo femenino en ferias locales y espacios de emprendimiento, así como efectos del programa en la reducción de la deserción escolar y de los embarazos adolescentes en las instituciones articuladas. En esa línea, las habilidades socioemocionales ampliaron repertorios de acción tanto en varones como en mujeres, con efectos en la reconfiguración de normas de género dentro de la escuela y en las posibilidades de continuidad educativa e inserción laboral. 

Qué deja para pensar sobre la educación técnica rural 

Los hallazgos del estudio abren una agenda bastante concreta para la política educativa. En primer lugar, muestran la necesidad de fortalecer el acompañamiento pos-egreso en clave de transición y empleabilidad, pues el egreso del CETPRO no marca un punto de llegada, sino el inicio de un proceso más prolongado de negociación entre aspiraciones, recursos y oportunidades. En segundo lugar, sugieren que el ajuste curricular a las cadenas de valor locales, aunque importante, no es suficiente por sí solo y debería complementarse con servicios de apoyo, acceso a microfinanzas, compras públicas y facilidades para la formalización, de modo que quienes emprenden cuenten con un margen real de maniobra. Finalmente, el estudio subraya la urgencia de incorporar estrategias de corresponsabilidad en los cuidados que protejan la continuidad formativa y la inserción laboral de las mujeres, evitando que las responsabilidades domésticas se consoliden como barrera estructural. 

La experiencia del SAPH deja ver, en suma, que en los contextos rurales las trayectorias no se explican como resultado automático de una credencial, sino como procesos relacionales en los que intervienen capitales, redes, normas de género, apoyos institucionales y condiciones territoriales. La certificación importa, sí, pero no basta. También importan el territorio, la familia, el género y las oportunidades efectivas que el entorno productivo puede ofrecer. 

👉 Conoce más del estudio aquí:
🔗Formación técnica y trayectorias juveniles del Alto Piura
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Estudiante de cuarto año de la carrera de Ciencia Política en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya y Subcoordinadora General del Núcleo de Estudios de Ciencia Política. Asistente de investigación en el Instituto de Investigación y Políticas Educativas (IIPE) y en consultorías vinculadas con educación básica regular, básica alternativa y superior universitaria y no universitaria. Interés en Gestión Pública, Políticas Educativas y Poblaciones Vulnerables.


Teresa Mariana Mayurí Paca

Estudiante de cuarto año de la carrera de Ciencia Política en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya y Subcoordinadora General del Núcleo de Estudios de Ciencia Política. Asistente de investigación en el Instituto de Investigación y Políticas Educativas (IIPE) y en consultorías vinculadas con educación básica regular, básica alternativa y superior universitaria y no universitaria. Interés en Gestión Pública, Políticas Educativas y Poblaciones Vulnerables.

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