En los últimos años, uno de los temas más debatidos dentro del ámbito educativo peruano ha sido el de la comprensión lectora. Los resultados de la Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje (ENLA) suelen repetirse año tras año, y con ellos, una afirmación que se ha vuelto casi una sentencia: “los estudiantes no entienden lo que leen” (Solar, 2025). Sin embargo, detrás de esa frase aparentemente simple se esconde una realidad mucho más compleja. ¿Realmente los estudiantes no entienden lo que leen o, más bien, el problema radica en cómo se enseña a leer y qué se les propone leer? En muchas aulas, la lectura sigue presentándose como una obligación, una tarea para cumplir y no como una experiencia significativa o placentera. Este tipo de relación con la lectura genera desinterés, desconexión y hasta rechazo, sobre todo cuando los textos escolares parecen distantes de las realidades, emociones y lenguajes juveniles.
Frente a este escenario, resulta necesario mirar hacia las prácticas de lectura que ocurren fuera de los espacios escolares, allí donde los jóvenes se apropian de los textos a su manera. En ese universo, el fanfic (abreviatura de fanfiction) ha adquirido un papel protagónico. Estos son relatos creados por lectores que reescriben o amplían historias conocidas, ya sean de libros, series, películas o videojuegos, explorando nuevas posibilidades narrativas para personajes y tramas que les resultan cercanas. Aunque estos textos no suelen tener cabida en el ámbito educativo formal, lo cierto es que movilizan una intensa actividad lectora y de escritura. En ellos, los jóvenes no sólo leen, sino que interpretan, transforman y crean. En otras palabras, los fanfics dan lugar a un tipo de lectura viva, participativa y emocionalmente significativa.

Considerando ese marco, la presente investigación parte de la siguiente inquietud: ¿Qué prácticas de lectura se dinamizan en el consumo de fanfics por parte de estudiantes en el contexto educativo actual? El objetivo es analizar cómo esta forma de lectura puede ayudar a comprender las maneras en que los jóvenes se relacionan con los textos y qué potencial tiene para renovar la enseñanza de la lectura en la escuela. De manera más específica, se busca identificar las estrategias, motivaciones y aprendizajes que emergen cuando los estudiantes se involucran con fanfics, así como las posibles implicaciones pedagógicas de reconocerlos como una práctica legítima de lectura.
Bajo esta lógica, los estudios previos ofrecen un punto de partida valioso para comprender este fenómeno. Jenkins (2006) introduce el concepto de cultura de la convergencia, donde los consumidores dejan de ser receptores pasivos para convertirse en creadores que participan activamente en comunidades de significado compartido. Desde esta perspectiva, los fanfics no son simples imitaciones, sino espacios de participación cultural. Luna (2020) y Vallejo (2022) sostienen que el fanfic puede convertirse en un puente entre la lectura académica y la lectura por placer, al permitir que los estudiantes se acerquen a la escritura desde sus intereses personales. De manera complementaria, Lamb (2011) señala que esta práctica puede fortalecer las habilidades de alfabetización, al ofrecer un entorno de experimentación lingüística y creatividad. Finalmente, López et al. (2022) observan que los fanfics impulsan la confianza en la escritura al propiciar una relación más afectiva con el lenguaje.
Pese a estos aportes, en el contexto peruano todavía son escasos los estudios que aborden el fanfic desde una mirada educativa. Esta ausencia evidencia una brecha entre la escuela y las prácticas culturales digitales que forman parte del día a día de los jóvenes. La necesidad de conocimiento en este campo radica precisamente en esa brecha: comprender cómo leen los estudiantes fuera del aula puede ayudarnos a repensar lo que sucede dentro de ella. Reconocer el valor pedagógico del fanfic implica admitir que las prácticas lectoras no se limitan al formato impreso ni a los textos legitimados por el currículo, sino que también habitan en las plataformas digitales, en los foros, en los blogs y en las redes sociales donde los jóvenes interactúan y crean comunidad. En este sentido, el estudio no solo busca describir un fenómeno, sino también abrir un espacio de reflexión sobre la urgencia de reconciliar la escuela con la cultura digital.
El aporte académico de esta investigación radica en abrir una comprensión de la lectura como experiencia participativa, en la que el estudiante no solo recibe un texto, sino que interactúa con él, lo transforma y lo resignifica. Desde esa perspectiva, analizar el fanfic en clave pedagógica permite visibilizar prácticas lectoras y escritoras que con frecuencia permanecen fuera del foco escolar, pese a que expresan formas intensas de compromiso con los textos, modos complejos de interpretación y vínculos de pertenencia con los universos narrativos que los estudiantes eligen habitar. En ese sentido, el estudio busca aportar a la discusión educativa sobre lectura y escritura desde una mirada más crítica e inclusiva, atenta a la diversidad de formas en que ambas prácticas se configuran en el entorno digital contemporáneo.
Con ese propósito, la investigación se inscribe en un enfoque cualitativo y adopta un diseño fenomenológico-hermenéutico, orientado a comprender los sentidos que estudiantes universitarios atribuyen a sus prácticas de lectura y escritura vinculadas al fanfic. Para ello, se trabajó con una muestra intencional de tres participantes con trayectorias diversas, a partir de entrevistas semiestructuradas realizadas en modalidad virtual, una de ellas en profundidad. El análisis se desarrolló mediante codificación temática, lo que permitió interpretar las experiencias recogidas e identificar los significados que los participantes construyen en torno al fanfic, resguardando en todo momento la confidencialidad, la participación voluntaria y el uso de seudónimos.
A partir de ello, el artículo avanza, en primer lugar, por una revisión teórica sobre las prácticas de lectura, sus formas de clasificación y la ubicación del fanfic en el escenario educativo actual. Luego, presenta la ruta metodológica del estudio y los criterios que orientaron la selección de los participantes. En seguida, desarrolla los principales hallazgos a partir de las experiencias recogidas, con atención especial a las prácticas lectoras y a las posibilidades pedagógicas que estas abren. Finalmente, se plantean algunas reflexiones en torno a la incorporación de estas prácticas emergentes en el ámbito de la educación formal.
Marco teórico
Prácticas de lectura y su clasificación
Las prácticas de lectura no pueden entenderse solo como una habilidad técnica para decodificar textos, sino como una actividad social, cultural y tecnológica. Desde el enfoque de los nuevos estudios de literacidad, leer significa participar en contextos donde las personas interpretan y producen sentido de acuerdo con sus intereses, experiencias y propósitos (Kalantzis y Cope, 2019, citados en Godoy, 2023). En esta perspectiva, el lector deja de ser un simple receptor y se convierte en un participante activo dentro de comunidades que dialogan, comentan o reescriben los textos (Alcocer y Zapata, 2021). Así la lectura se define menos por el tipo de texto y más por el uso que cada persona hace de él en un entorno específico, donde influyen factores como el contexto social, cultural y los medios digitales.
Los investigadores coinciden en que las prácticas lectoras son diversas y cambiantes. Alcocer y Zapata (2021) afirman que hoy leer implica interactuar con textos multimodales, como videos, imágenes y sonidos, además de los textos escritos. Estas formas amplían las posibilidades de comprensión y expresión, especialmente en entornos digitales. Godoy (2023) añade que las prácticas lectoras contemporáneas no se limitan al papel, sino que integran múltiples plataformas y lenguajes. En este sentido, el concepto de lector competente se transforma en el del lector participante, capaz de interpretar y también de crear contenido, como ocurre en redes sociales, blogs o comunidades de lectura virtuales.

En el ámbito educativo, las prácticas lectoras se clasifican según su afinidad y contexto. La lectura académica o instrumental se orienta al cumplimiento de tareas escolares y universitarias, como resúmenes o ensayos. Su propósito principal es comprender y producir información con fines evaluativos (Cárdenas, 2013; Cuadrado et al., 2024). Sin embargo, esta lectura tiende a desaparecer cuando termina la obligación institucional, que plantea la necesidad de promover la autonomía lectora. En contraste, la lectura recreativa o por placer se realiza libremente, por gusto o curiosidad. Este tipo de lectura se asocia con el disfrute estético y la imaginación, y se ha expandido en espacios digitales como Wattpad o Booktube, donde los jóvenes comparten y comentan historias, creando lazos entre lectura, escritura e identidad (Alcocer y Zapata, 2021; Godoy, 2023).
Por otro lado, la lectura crítica busca analizar y cuestionar los mensajes e ideologías presentes en los textos. Inspirada en los aportes de Freire (2002) y Cassany (1999, citados en Godoy, 2023), esta práctica promueve una comprensión reflexiva y emancipadora. El lector crítico no solo entiende el texto, sino que lo relaciona con su entorno y lo interpreta desde una mirada ética y social. Finalmente, la lectura multimodal o transmedia combina diferentes lenguajes (textos, imágenes, sonidos y videos) y se realiza en plataformas digitales interactivas (Jewitt, 2012; Kress, 2010, citados en Godoy, 2023). Estas lecturas requieren nuevas competencias, como navegar entre hipervínculos, evaluar fuentes o comprender narrativas no lineales.
Las transformaciones tecnológicas también han modificado la manera en que los jóvenes se acercan a la lectura. Cuadrado et al. (2024) destacan que los universitarios combinan la lectura académica con las recreativas, lo que genera una relación híbrida entre lo formal y lo informal. No obstante, como advierte Godoy (2023), las tecnologías no crean nuevas prácticas por sí mismas, sino que estas surgen cuando los lectores se apropien críticamente de los recursos digitales. Aunque la lectura en pantallas presenta desafíos como la dispersión o la sobrecarga informativa (Ortiz-Mora et al., 2025), también ofrece oportunidades para acceder a una gran variedad de textos, compartir opiniones y producir contenido propio.
En síntesis, las prácticas de lectura son procesos sociales y culturales que se redefinen constantemente a partir de los soportes, los propósitos y las comunidades de interpretación en las que los lectores participan. Hoy la lectura se despliega en una ecología mediática amplia y diversa que incluye libros impresos, computadoras, tabletas, teléfonos inteligentes, redes sociales, entre otros. Estos múltiples aparatos no solo amplían el acceso a los textos, sino que transforman las formas de leer, exigiendo competencias para navegar entre lenguajes multimodales, evaluar críticamente la información y producir nuevos sentidos de manera colaborativa. Las prácticas académicas, recreativas, críticas y multimodales conviven y se entrelazan en esta realidad híbrida, demostrando que leer no es simplemente decodificar, sino interactuar, dialogar y construir significados en escenarios cambiantes. Así, el desafío educativo central consiste en articular las literacidades tradicionales con las digitales para formar lectores capaces de comprender, interpretar y cuestionar los discursos que circulan en un mundo saturado de información y mediado por tecnologías, promoviendo una participación crítica y creativa en la cultura contemporánea.
El fanfic en la educación actual
El fenómeno del fanfic o escritura de fans ha emergido en las últimas décadas como una manifestación literaria participativa que reconfigura la relación entre autor, lector y texto. Según Abad (2011), los fanfics representan formas de literatura emergente que fomentan la creatividad y la apropiación cultural, al permitir que los lectores se conviertan en productores de sentido. Desde esta perspectiva, el fanfic constituye un espacio de reescritura que combina la intertextualidad con la autoría colectiva y el disfrute estético, donde los jóvenes resignifican las narrativas originales desde sus propios marcos afectivos e identitarios.
En la misma línea, López (2020) sostiene que el fanfiction prolonga los aprendizajes literarios adquiridos en los centros educativos al integrarse con los consumos culturales juveniles propios de la era digital. Así, las prácticas de escritura en entornos digitales ofrecen continuidad entre saberes escolares y los modos de participación cultural contemporáneos. Por su parte, Luna (2020) también identifica esta interrelación entre la lectura fanfic y literaria, destacando que ambas comparten procesos interpretativos y estéticos similares, aunque el fanfiction se desarrolle en plataformas no escolares y se fundamente en el deseo de interpretar mundos narrativos preexistentes.
Adicionalmente, Guerrero, Establés y Costa (2022) profundizan en la dimensión transmedia de estas prácticas, mostrando cómo los adolescentes que escriben en Wattpad despliegan competencias narrativas, estéticas y digitales que amplían su alfabetización multimodal. El fanfic, en este sentido, no solo es una forma de lectura y escritura, sino también una experiencia de creación colaborativa donde convergen la cultura digital, la interactividad y la apropiación del discurso literario. Gutiérrez (2021) refuerza esta idea al señalar que las ficciones de fans pueden ser consideradas recursos docentes, dado que promueven el pensamiento crítico, la reconstrucción narrativa y el diálogo con las obras originales, lo cual potencia la comprensión lectora y la escritura reflexiva.
En el ámbito educativo, diversos estudios han demostrado que el fanfiction puede ser una estrategia didáctica eficaz para fortalecer la lectura y la producción textual. López et al. (2022) evidenciaron que el uso del fanfiction en las aulas de secundaria favorece la educación literaria al fomentar el análisis de personajes, la creación de tramas y el desarrollo de la imaginación narrativa. De forma complementaria, Recéndiz de Jesús (2023) implementó la estrategia “Fanfiction, mitología y producción de audiocuentos” con estudiantes de bachillerato, observando mejoras significativas en la comprensión lectora y en la capacidad expresiva de los participantes. Ambas investigaciones coinciden en que la participación del estudiante como creador de historias promueve una lectura profunda, al exigirle interpretar, reorganizar y expandir los significados del texto base.
Así mismo, Brunel (2018) propone integrar los escritos de fanfic en las aulas como práctica contemporánea, la cual permite articular las emociones, la creatividad y la competencia comunicativa. En este marco, el fanfic se convierte en un puente pedagógico entre la lectura obligatoria y la lectura elegida, ofreciendo un terreno fértil para la enseñanza y la construcción de identidades lectoras más autónomas, reflexivas y críticas. A través de estas producciones, los jóvenes no solo reinterpretan textos, sino que aprenden a comunicarse, argumentar y construir diversos textos dentro de comunidades virtuales.
En síntesis, el fanfiction ha dejado de ser una expresión marginal para convertirse en una práctica cultural que articula creatividad, reinterpretación crítica y participación en comunidades digitales, lo que le confiere un valor pedagógico especialmente oportuno en la escuela contemporánea. Su incorporación en el aula no solo potencia la comprensión lectora al exigir al estudiante interpretar, reconstruir y ampliar los sentidos de un texto base, sino que también fortalece la escritura creativa al situarlo como productor de mundos narrativos coherentes y estéticamente significativos. Además, promueve la alfabetización digital al integrar competencias propias del entorno transmedia, favoreciendo que los jóvenes establezcan un vínculo más profundo, autónomo y significativo con la literatura, acorde con sus propios modos actuales de leer, escribir y participar en la cultura.
Metodología
La investigación se inscribe en un enfoque cualitativo, dado que busca comprender cómo estudiantes universitarios construyen significados en torno a sus prácticas de lectura y escritura vinculadas al fanfic. Este enfoque resulta pertinente en la medida en que permite aproximarse a experiencias subjetivas, así como a los sentidos que los participantes atribuyen a sus formas de leer, escribir y crear en entornos digitales.
En correspondencia con ello, se adopta un diseño fenomenológico-hermenéutico, ya que este permite recuperar las vivencias de los participantes desde su propia perspectiva e interpretar los significados que elaboran a partir de ellas. Desde este marco, el interés no se centra únicamente en describir prácticas, sino en comprender cómo los estudiantes configuran el lugar del fanfic en su relación con la literatura, con su formación académica y con su experiencia de escritura.
La muestra fue de tipo intencional y estuvo conformada por tres participantes con trayectorias distintas, seleccionados por su vinculación con prácticas de lectura y escritura relacionadas con el fanfic. Los criterios de inclusión consideraron la disposición para participar, la experiencia previa en este tipo de prácticas y la diversidad de edades, recorridos formativos y experiencias, a fin de contar con perspectivas contrastables. La convocatoria se realizó a través de redes personales y académicas, resguardando desde el inicio el consentimiento informado y la confidencialidad de la información.

La recolección de datos se llevó a cabo mediante entrevistas semiestructuradas y, en uno de los casos, con una entrevista en profundidad, debido a la trayectoria particular del participante en el ámbito docente. Las entrevistas se realizaron de manera virtual, a través de Zoom y Google Meet, con una duración aproximada de dos horas. Asimismo, las sesiones fueron grabadas mediante las propias plataformas y con un dispositivo móvil como respaldo, previo consentimiento de los participantes.
Para el análisis de la información se empleó la codificación temática, lo que permitió organizar los testimonios en categorías de sentido relevantes para los objetivos del estudio. A partir de este procedimiento, se interpretaron las experiencias, percepciones y significados que los participantes atribuyen al fanfic y a sus prácticas lectoras y creativas, en diálogo con los planteamientos conceptuales que orientan la investigación.
En el plano ético, el estudio consideró criterios fundamentales de resguardo y respeto hacia los participantes. Se garantizó el anonimato mediante el uso de seudónimos, la protección de la información recogida, la participación voluntaria y la posibilidad de revisar fragmentos transcritos cuando fuera necesario. Estas medidas buscaron asegurar un tratamiento riguroso y respetuoso de las experiencias compartidas.
Análisis
El presente análisis busca interpretar los hallazgos obtenidos a partir de las voces de dos estudiantes universitarias y un docente de literatura, con el propósito de comprender las dinámicas de lectura y escritura que se tejen en torno al fanfic y vislumbrar su potencial pedagógico en el contexto educativo actual. Lejos de ser una mera curiosidad digital, los testimonios revelan que el fanfic constituye un territorio vital donde los jóvenes lectores negocian sus identidades, afinan sus criterios estéticos y experimentan con la lengua. Siguiendo los planteamientos de Ju Zaveroni (2023) y Luna (2020), este análisis se orienta a mostrar que nos encontramos ante una manifestación genuina de la cultura participativa, un espacio donde se aprende de manera colaborativa y se redefine lo que significa ser lector y escritor en el siglo XXI. A partir de las experiencias de María, Charito y el profesor Daniel, organizaremos esta reflexión en dos ejes fundamentales: las nuevas prácticas de lectura que emergen en estos entornos y la centralidad de la motivación y las emociones en este proceso.
1. Nuevas prácticas de lectura: De la recepción pasiva a la participación activa
Los testimonios de las estudiantes desdibujan un panorama dinámico y complejo de la lectura digital, muy distante del estereotipo del lector pasivo que consume contenido de forma superficial. Por el contrario, encontramos a sujetos que ejercen una agencia notable sobre lo que leen y cómo lo leen. María, por ejemplo, no se limita a consumir historias; su proceso de escritura nace de una lectura estratégica y analítica.

Ella misma describe este meticuloso proceso:
Digamos que hago un poco de ambos de vez en cuando; cuando se trata de escribir, tardo un tiempo en pensar en una buena temática, ya que tiendo a ligarlo bastante a representaciones visuales durante la lectura. Una vez establecida la temática, busco algunos trabajos similares por la plataforma para hacerme recordar cierto esquema que debe tener la historia para que no sea aburrida de leer y comienzo a redactar.
Esta búsqueda de “esquemas” narrativos efectivos revela una conciencia estructural del relato. María no solo busca inspiración; realiza un análisis comparativo implícito, evaluando qué funciona y qué no en una historia. Esta práctica coincide plenamente con lo que Guerrero, Establés y Costa (2022) denominan “lectoescritura transmedia”, una forma de interacción que demanda y desarrolla competencias narrativas, tecnológicas y estéticas sofisticadas. En este ecosistema, el fanfic opera como un taller informal de escritura, un espacio de aprendizaje entre pares donde se aprende haciendo y observando.
Esta práctica se enriquece con una dimensión social profundamente humana. Por otro lado, Charito destaca con entusiasmo la experiencia comunitaria que ofrece la plataforma Wattpad, que transforma la lectura, tradicionalmente un acto personal y ensimismado, en una conversación continua:
Bueno, algo que a mí me gusta, en comparación con tal vez un texto escrito, es que te sientes como que lo estás leyendo con otras personas. Tal vez no al mismo tiempo, pero sabes que han estado presentes, que han estado ahí porque ves los comentarios, por cada párrafo, por cada oración… Y eso como que yo tengo una opinión respecto a lo que voy leyendo y veo los comentarios y dices: “Sí, vemos pareceres”. Yo también puedo dejar mi comentario y reaccionar en los comentarios.
Este fragmento es altamente expresivo: la lectura ya no es un monólogo con el texto, sino un diálogo agradable y compartido con una comunidad. Como sugiere Godoy (2023), esta “lectura participativa” amplía los horizontes de sentido al permitir que los lectores contrasten sus impresiones, validen sus emociones y construyan significados de manera colectiva. El placer de la lectura se multiplica: es el placer de la historia misma y el placer de compartirla.
Frente a este panorama, la voz del profesor Daniel introduce una perspectiva valiosa y matizada. Aunque reconoce su extrañeza inicial ante un medio que le es ajeno, llegando a confesar: “No, porque me basta y me sobra con los libros que leo”, su apertura intelectual le permite reconocer el valor de este fenómeno. Su acercamiento, guiado por la curiosidad que le generaron sus alumnos, lo lleva a una reflexión pedagógica crucial. Observa cómo el fanfic logra capturar el interés juvenil de una manera que, a menudo, los textos académicos no consiguen. Con una claridad didáctica y loable, argumenta:
Yo creo que sí (tiene valor pedagógico). Porque al menos está en la modalidad de leer algo. Siempre hay que estimular a que se lea, a que desarrolle el hábito de lectura, motivándolos a que lean lo que ellos quieren leer, lo que les gusta, y no forzándolos a dar, por ejemplo, obras que para ellos van a ser distantes, que no las entienden y que no les dicen nada, pues en tanto adolescentes… Una vez que ha creado el hábito de lectura, así sea a través del fanfic, ya puede ir modulando, nivelando, cambiando de lectora de a poquito.
En esta idea reside una de las claves más potentes para la educación lectora contemporánea: la importancia de partir del deseo. El profesor Daniel no defiende el fanfic como la cima de la creación literaria, sino como un puente afectivo y preciso hacia la formación de lectores. Su postura dialoga directamente con López (2020), para quien el fanfic prolonga los aprendizajes literarios escolares, pero desde una lógica de identificación cultural y afectiva que la escuela no puede ignorar.
2. Motivación y emociones: El motor afectivo de la lectura
Si las prácticas son el “cómo”, la motivación y las emociones son el “porqué” más profundo. El vínculo emocional con los personajes y los mundos de ficción emerge como el combustible que impulsa tanto la lectura como la escritura de historias. María lo expresa de manera sencilla y directa al explicar su interés inicial: “Eventualmente comprendí por medio de internet que se trataba de historias escritas por fans relacionadas a distintos fandoms o comunidades web sobre distintos tipos de media y me vi algo interesada en el tema”. Esa chispa de interés, encendida por la afinidad, es el punto de partida de un viaje literario personal.
Este apego emocional no se queda en la superficie del entretenimiento; se convierte en una fuerza que modela la identidad lectora y de escritura. Charito, cuya relación con la lectura académica es más tortuosa, sostiene: «Pensé que mi carrera es lengua y literatura, se me dificulta mucho el leer demasiado… me distraigo muy rápido y no puedo acabar la lectura». Ella experimenta una conexión completamente diferente con los fanfics. La clave, nuevamente, es la emoción y el gusto personal: «Será porque ya son de mi gusto, no es tanto lo académico, y como la lectura es con alguna serie que me gusta o es estas novelas que te atrapan». Y cuando una historia queda inconclusa, agrega: «A mí me frustra mucho eso». Esta reacción revela la profundidad de su compromiso emocional con la narrativa. Esta dimensión afectiva es lo que Barra (2024) conceptualiza como «literacidad emocional digital», la capacidad de conectar la lectura con la emoción, la reflexión y la interacción comunitaria en entornos virtuales. El fanfic, en este sentido, no solo enseña a leer; enseña a sentir con y a través de los textos.
La interacción social, como vimos, potencia esta dimensión emocional. La posibilidad de comentar, reaccionar y sentirse parte de una comunidad que comparte los mismos fervores convierte la lectura en una experiencia vitalmente significativa. Charito no solo lee; siente que lee con otros, y esa experiencia compartida valida y enriquece sus propias emociones. Este es un aprendizaje profundo sobre el poder dialógico de la literatura, un aprendizaje que la educación formal podría aprovechar para hacer de la lectura una práctica más viva y conectada con el mundo social de los jóvenes.

El profesor Daniel, desde su perspectiva pedagógica, avala esta centralidad. Su argumento de que hay que motivar a los estudiantes a leer “lo que les gusta” es un reconocimiento tácito de que sin emoción no hay hábito lector posible. Su postura es profundamente humanista: en lugar de despreciar los gustos juveniles, propone usarlos como la piedra angular sobre la cual construir un lector durable y sostenible; es todo un reto. Esta idea resuena con la visión de Luna (2020), para quien la lectura elegida, la que nace de una motivación intrínseca, es la vía más segura para acceder a la literatura formal y a la formación de un criterio literario propio.
Por último, el camino es largo y complejo si lo enmarcamos dentro de la pedagogía y cómo esta busca conexiones en este plano. Por ello, los testimonios de María, Charito y el profesor Daniel, en su diversidad, nos dejan un mapa claro de un territorio en ebullición. Lejos de ser una práctica marginal, el fanfic se revela como un espacio de alfabetización múltiple: digital, emocional, social y crítico. En él, los jóvenes no son consumidores pasivos, sino arquitectos activos de su experiencia lectora, que buscan, seleccionan, critican, escriben y se relacionan a través de los textos con otros.
Las tensiones también están presentes: la adicción que menciona Charito, la preferencia por el libro físico y el proceso solitario de escritura que defiende Daniel nos recuerdan que este fenómeno no está exento de desafíos. Como advierten Ortiz, Mora y Aldaz (2025), el reto educativo no es trasladar sin más estas prácticas al aula, sino mediar pedagógicamente para fomentar una lectura reflexiva y ética.
En definitiva, lo que estas voces nos enseñan es que la escuela tiene una oportunidad única de tender puentes. Como propone Gutiérrez (2021), incorporar el fanfic al proceso educativo no significa abdicar del canon literario, sino, todo lo contrario, enriquecerlo estableciendo un diálogo con la cultura viva que respira y late fuera de las aulas. Se trata de reconocer que la formación del lector no comienza con el texto prescrito, sino con el deseo de leer. Y si ese deseo se enciende con una historia de fanfiction sobre una serie favorita, entonces la pedagogía tiene la sabiduría de empezar por ahí, para transformar, poco a poco, la lectura obligatoria en una lectura elegida, significativa y, en el mejor de los sentidos, transformadora.
Conclusión
La investigación permitió comprender que las prácticas de lectura asociadas al fanfic representan un territorio vivo donde los jóvenes lectores desarrollan formas de participación cultural que suelen pasar desapercibidas en los espacios educativos formales. A partir de los testimonios recogidos, se hizo evidente que el fanfic no es solo una actividad recreativa, sino un espacio donde se produce conocimiento nuevo, donde los lectores interpretan, comparan, reorganizan y expanden los sentidos de un texto base. En este proceso, construyen significados propios, identifican patrones narrativos y dialogan con estructuras que antes parecían exclusivas de la literatura “legítima”. Esta constatación reafirma que la lectura, cuando nace del deseo, se convierte en un ejercicio profundamente reflexivo, capaz de desarrollar habilidades que la escuela tradicional no siempre consigue movilizar.
Asimismo, el contacto con estas narrativas evidenció el fuerte componente identitario que atraviesa la lectura digital. En los relatos de María y Charito emergieron emociones, vínculos y formas de reconocimiento personal que muestran la lectura no como un acto aislado, sino como un espacio de encuentro afectivo. Ellas leen porque se identifican con las historias, porque encuentran en la comunidad un eco de sus propias experiencias y porque, al escribir, pueden expresar aquello que la lectura les conmueve. En ese gesto íntimo y compartido, construyen una identidad lectora que trasciende el aula y se despliega en un entorno digital donde creatividad y sensibilidad se articulan con naturalidad.
La voz del profesor Daniel, con su mirada más cauta, pero a la vez abierta, ayudó a comprender que estas prácticas pueden convertirse en un puente pedagógico. Su reconocimiento de que el hábito lector se construye desde el gusto, incluso si este inicia en una plataforma como Wattpad, plantea un desafío para la escuela contemporánea: dejar de ver la lectura como una obligación y comenzar a entenderla como una elección que debe respetar los intereses y modos de interacción de los estudiantes. En este sentido, la lectura de fanfics no solo promueve la comprensión de textos narrativos, sino que favorece la alfabetización digital, el pensamiento crítico y la capacidad de integrarse en comunidades de interpretación, competencias indispensables en la cultura actual.

No obstante, el estudio también permite identificar ciertos límites. La muestra, reducida y heterogénea, impide generalizar los resultados a una población más amplia; además, las entrevistas virtuales restringieron la observación directa de las prácticas lectoras en tiempo real. Pese a ello, estos testimonios ofrecen un panorama valioso, que abre nuevas posibilidades de exploración. Sería pertinente ampliar la investigación a estudiantes de secundaria, docentes en formación o usuarios de distintas plataformas, así como diseñar experiencias pedagógicas concretas que integren el fanfic y permitan analizar sus efectos en el aula.
A pesar de estas limitaciones, el estudio aporta elementos significativos para la comunidad educativa. Reconocer el fanfiction como una práctica legítima de lectura implica asumir que los estudiantes ya están leyendo, interpretando y escribiendo fuera de los márgenes escolares, y que la escuela puede aprender de esas dinámicas para fortalecer la relación de los jóvenes con la lectura. Integrar estas prácticas no supone abandonar el canon, sino enriquecerlo, estableciendo un diálogo entre la lectura obligatoria y la lectura elegida. En ese encuentro, la lectura puede recuperar su dimensión más humana: la capacidad de conmover, acompañar, desafiar y transformar a quienes la ejercen.
En definitiva, esta investigación permite afirmar que el fanfic constituye un espacio en el que la lectura se vuelve una experiencia significativa, creativa y profundamente personal. En él, los estudiantes dejan de ser receptores pasivos para convertirse en participantes activos de la cultura escrita. Tal vez sea en ese tránsito entre la obligación y el deseo donde se abra una oportunidad real para repensar la enseñanza de la lectura: no como una tarea por cumplir, sino como una práctica capaz de generar sentido, identidad y comunidad.
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Estudiante de los últimos ciclos de la carrera de Educación Secundaria, con especialidad en Lengua y Literatura, en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Con experiencia en la docencia y en el acompañamiento pedagógico de estudiantes de educación básica de nivel secundaria. Mis intereses académicos se centran en la escritura académica y la investigación literaria.
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