En Perú el Ministerio de Educación desde el 2012 implementó el Programa Nacional de Becas y Crédito Educativo (PRONABEC) dirigido especialmente a estudiantes con buen rendimiento académico y con una situación económica de pobreza o pobreza extrema. Esta modalidad de Beca 18 busca facilitar el acceso a la educación superior para jóvenes talentosos provenientes de diversos contextos. Sin embargo, mantener el beneficio implica responder a exigencias que trascienden lo cognitivo, afectando también la esfera emocional del estudiante. En muchos casos, la presión por conservar la beca genera sentimientos de ansiedad, miedo al fracaso y una carga emocional constante que puede interferir en su bienestar y desempeño académico. 

Para Mendoza et al. (2024), el malestar emocional (ansiedad, depresión) ha existido históricamente, pero ahora se visibiliza más por la gran cantidad de exigencias o perspectivas que esperan que realicen las personas dentro de la sociedad. En el espacio académico los jóvenes universitarios experimentan las tensiones propias de la juventud actual, es decir se encuentran condicionados por diferentes factores (académicos, sociales, culturales), lo que perjudica directamente en su estado de ánimo y emocional. Por ello, la salud mental de los universitarios se ha convertido en una preocupación global, por lo que Perú no es ajeno a esta problemática. Cova et al. (2007), han puesto de manifiesto, para el caso chileno, que los altos niveles de ansiedad y depresión se vinculan especialmente con el nivel de estrés educativo y la presión familiar. Estos están conectados al deseo de éxito socioeconómico, el cual impacta negativamente en el bienestar emocional de los estudiantes. 

Foto: Pronabec Perú

En ese sentido, la presente investigación busca analizar los significados que atribuyen los estudiantes de Beca-18 a la presión familiar en relación con su salud mental durante la vida universitaria. Para ello, se abordará el caso de los becarios del Pronabec, ya que en su mayoría provienen de contextos socioeconómicos vulnerables y se enfrentan a diferentes problemas que afectan no solo su bienestar académico, sino también otras facetas de su vida social como universitarios. Como uno de los factores que más afecta tenemos a la presión familiar, ya que el alumno universitario no solo tiene que cumplir las exigencias académicas, sino también debe satisfacer las expectativas económicas y emocionales que sus familias les imponen (Pronabec, 2024). De este modo, estudiar una carrera es un desafío bastante amplio, porque no solo tienes que mudarte de una ciudad a otra, sino alcanzar expectativas de tu entorno social y familiar.  

Además, ser becario implica cumplir responsabilidades directamente de PRONABEC, como tener un ponderado promedio, realizar más cursos en línea y realizar voluntariados donde pongas en práctica tus conocimientos. Tal como señalan Cova et al. (2007), estudiar en la universidad es enfrentarte a diferentes cambios emocionales y personales, ya que no solo sientes presión externa, sino también responder a la presión educativa. Ante esto, los jóvenes se sienten presionados, por un lado, en cumplir perspectivas de los padres y por otra en llegar a tener un desarrollo académico tal cuál amerita sostener una beca. En esta línea, hay muchos estudios que evidencian que esta presión familiar implícitamente se va evidenciando en problemas de sueño, estrés, ansiedad, falta de concentración, bajo estado de ánimo y bajo rendimiento académico (Pronabec, 2024). 

Marco teórico 

La presión familiar, según González y Lorenzo (2012), es un estado de tensión o de estrés que es provocado por las expectativas que la familia plantea en sus miembros, sus normas y sus exigencias. En el ámbito de los becarios universitarios del programa Beca 18, esta presión es más visible, pues la familia confiere al estudiante altas expectativas de éxito y de movilidad social, considerando la oportunidad educativa como un recurso para cambiar su realidad socioeconómica. Armenta y Forzán (2020) señalan que la presión familiar puede influir en la toma de decisiones, formar la identidad y actuar, especialmente en los jóvenes y en los adolescentes, ya que puede provocar la existencia de conflictos entre las personas, así como también alteraciones en la salud mental. Hilario (2020) recalca que existe una mejora entre el funcionamiento familiar y el estrés que puedan sufrir las personas, en tanto que la alteración de la comunicación y la existencia de conflictos en el seno de la familia pueden incrementar la presión o el malestar psicológico en la salud mental. 

Del mismo modo, señalan que la falta de apoyo familiar puede generar reacciones negativas frente a estas dimensiones, lo que repercute directamente en cómo estos enfrentan sus responsabilidades académicas y personales. En el espacio académico los estudiantes responden con mayor ansiedad cuando se les brinda evaluaciones, cuando tienen sobrecarga de tareas y cuando no tienen el apoyo parental constante. No obstante, según los estudios también se señala que la ansiedad depende mucho de las experiencias subjetivas, de la percepción de sí mismo y de las habilidades que este fortalece para poder gestionarlo (Caguana y Tovar, 2022) 

Foto: Pronabec Perú

La teoría del capital cultural se percibe como el conjunto de recursos culturales del que disponen los individuos, entre los que se pueden señalar los conocimientos, habilidades, formación escolar, disposiciones adquiridas socialmente y transmitidas, fundamentalmente, por la familia, la educación y, en general, la sociedad (Gayo, 2013). Por ello, Bourdieu sostiene que el sistema escolar tiende a reproducir las desigualdades sociales a favor de los sujetos con un capital cultural que coincide con los valores dominantes, de modo que la movilidad social en su concepción no es sólo un cambio a nivel individual, sino también un proceso estructural que queda condicionado por la existencia de un capital distribuido de manera desigual y por la reproducción social (Garcia, 2016). Desde esta perspectiva, la presión proveniente de la familia no se puede entender sin tener en cuenta las condiciones de origen social y cultural. Las familias que poseen bajo capital cultural tienden a ejercer presión académica, dado que ven la beca como la única vía posible de movilidad social. Esto genera una carga emocional importante que puede afectar mucho a la salud mental del estudiante. 

Según la OMS (2018) la salud mental es un estado de bienestar que permite a las personas afrontar situaciones estresantes, desarrollar su potencial, aprender, ser productivas y contribuir al bienestar de su comunidad, y no se limita a la ausencia de trastornos, sino que es un proceso complejo vivido de manera distinta por cada individuo con diversos grados de dificultad y resultados sociales y clínicos. En el caso de los estudiantes universitarios, Cuamba y Zazueta (2020) señalan que existen altas tasas de problemas de salud mental, incluyendo trastornos adaptativos, del estado de ánimo, depresión y ansiedad. Martínez et al. (2021) definen la ansiedad como un estado emocional negativo con síntomas físicos asociados a la tensión, donde la persona anticipa temores frente a peligros o situaciones desfavorables, manifestándose de manera interna, conductual o fisiológica. Estas expresiones comprenden tres dimensiones: cognitiva, con pensamientos pesimistas y dificultad para concentrarse; conductual, evidenciada en la evitación de clases o situaciones sociales; y somática, reflejada en síntomas como taquicardia, molestias digestivas, respiratorias o mareos. 

Por otro lado, también está la depresión que es más frecuentes dentro de la población universitaria, según Cala y Agudelo (2018), esta se caracteriza a través de sentimientos persistentes de tristeza, vacío interior, desesperanza, culpa, irritabilidad, inquietud o una profunda sensación de inutilidad. En el contexto universitario, la depresión adquiere una relevancia particular, ya que los estudiantes enfrentan múltiples presiones: exigencias académicas, mudanzas lejos de su hogar, distancia familiar, responsabilidades laborales y la reducción efectiva de sus redes de apoyo. Todo ello genera un entorno emocionalmente vulnerable que puede desencadenar o intensificar cuadros depresivos (Cala y Agudelo, 2018). Por su parte, la depresión se relaciona directamente en las alteraciones del estado de ánimo, donde predominan la tristeza profunda, la pérdida de motivación y el desinterés por las actividades cotidianas o académicas. La persona puede experimentar apatía, insomnio y cambios en los hábitos alimenticios, estos síntomas no solo afectan su rendimiento y relaciones, sino que también pueden llevarla a una pérdida del sentido de la vida y, en casos más graves, a presentar pensamientos o ideaciones suicidas (Gutiérrez et al., 2010) 

Metodología 

Para la elaboración de este trabajo se realizaron cuatro entrevistas semiestructuradas de carácter etnográfico a cuatro estudiantes de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Para ello, se tomó en cuenta que sean becarios del Pronabec (Beca-18). La duración de las entrevistas fue de un aproximado de 30 minutos y se abordaron cuatro campos temáticos: 1) ¿cómo fue ingresar a la universidad con beca 18? 2) ¿cómo reaccionó tu familia respecto a eso? 3) ¿¿cómo lidias tú con esas experiencias universitarias difíciles? y 4) ¿Qué haces cuando te sientes emocionalmente saturado o estresado?  

A través de un enfoque cualitativo se reconoce que los estudiantes manifiestan diversos significados acerca de la presión familiar y la relación con su salud mental. El análisis de los datos obtenidos se realizará utilizando un enfoque hermenéutico empleando un enfoque cualitativo con diseño descriptivo.  

Análisis 

Esta investigación identificó que la experiencia universitaria de los becarios no se reduce únicamente a las exigencias académicas, sino que está cargada de factores familiares, sociales y emocionales que conforman la propia trayectoria formativa. Lejos de ser un proceso lineal, se estructura por exigencias contemporáneas de tipo meritocrático, económico y emocional. De este modo, la beca se transforma en un símbolo de oportunidad y a su vez también en un punto de constante presión. 

La presión familiar y las expectativas del mundo contemporáneo 

Los testimonios de los becarios muestran que la presión familiar se convierte en un elemento estructurante de su experiencia universitaria, especialmente cuando el acceso a la educación superior representa una oportunidad importante dentro de la historia educativa de sus familias. Desde la perspectiva señalada por Bourdieu y Passeron (2009) la beca puede ser considerada como un capital cultural que no sólo aumenta las frecuencias formativas del estudiante, sino que configura las expectativas familiares, depositando sobre él la responsabilidad de concretar una movilidad social largamente postergada.  

Foto: Pronabec Perú

Los entrevistados dan buena cuenta de esta lógica. Naya relata que su hermano le decía que había de estudiar una carrera fuerte que justificara la inversión que representa la beca: “(…) Mi hermano me decía, tienes que estudiar una carrera fuerte porque tú tienes una beca…. (una carrera) como derecho o ingeniería civil”. Esta expresión revela que la presión ejercida desde el ámbito familiar no únicamente influye en la elección profesional, sino que se convierte en una obligación de autoexigirse continuamente, al amparo del miedo al fracaso. Tal como señalan Cova et al. (2007), las elevadas expectativas familiares tienen relación con mayores niveles de malestar emocional y autoculpabilidad. 

Por otra parte, Tony expresa una forma distinta de presión donde muestra un temor a perder la beca por un mal rendimiento. 

 Ha sido muy complicado… más cuando hay otra presión, o sea, la parte de que eres becado y de alguna manera tienes que responder a eso, porque también hay ese miedo de que, si salgo mal en un curso, si hago algo mal, pues me van a quitar la beca y no voy a poder estudiar. 

Aquí emerge una presión silenciosa que no se manifiesta necesariamente en exigencias explícitas del entorno, pero sí en un clima familiar donde el rendimiento se asocia con progreso y valor personal. Armenta y Forzán (2020) señalan que las expectativas familiares pueden conformar la identidad e influir en las decisiones del estudiantado, pese a que no se expresen públicamente, pues en lugar de ello hacen surgir tensiones internas que deterioran su bienestar emocional. Además, la necesidad de ocultar dificultades muestra lo que Hilario (2020) describe como un factor de riesgo: la disminución del apoyo familiar incrementa el estrés y profundiza los conflictos emocionales. 

Asimismo, Perla vincula el malestar emocional con la amenaza constante de perder la beca. Ella expresa: 

A veces me digo si te deprimes, solo estás perdiendo tiempo. Aparte de eso también pienso en el hecho de que a veces la beca misma es como que te estuviera exigiendo, exigiendo que tú no puedes dejar de dar todo de ti, si no puedes perderla (la beca). Porque muchas veces, si es que tú jalas varios cursos, te sacan de la beca. 

En este testimonio se puede observar cómo la depresión o el cansancio emocional no son considerados como experiencias humanas válidas, sino como impedimentos que pueden poner en riesgo un mérito académico que sostiene el proyecto familiar. Esto genera una presión que puede afectar la salud mental, especialmente en contextos donde la familia y la sociedad también imponen demandas sobre el desempeño del estudiante. 

Foto: Pronabec Perú

Desde una perspectiva académica, la presión familiar y social es un factor clave que influye en la salud mental de los estudiantes universitarios. Castelo et al., (2023) demuestran que las relaciones familiares positivas pueden mitigar problemas de salud mental, mientras que la presión y expectativas excesivas pueden generar estrés académico, ansiedad y depresión. En el caso de estudiantes becarios, la presión para mantener un rendimiento académico alto para no perder una beca puede aumentar la ansiedad y la sensación de autoexigencia, afectando negativamente el bienestar emocional (Ñiquen y Quintana, 2024)

El contexto educativo actual pone de manifiesto cómo los estudiantes tienen que enfrentarse a diversas exigencias, tanto académicas como familiares o sociales, aumentando la culpa la frustración o miedo al fracaso, lo cual puede llevar a algunos jóvenes a actuar «como autómatas» cumpliendo con expectativas externas sin tiempo para el autocuidado o disfrutar del proceso, lo que incrementa las posibilidades de deterioro de su salud mental (Herraiz, 2025).  La ansiedad de perder la beca, junto con el temor a no cumplir las expectativas familiares, suma una carga emocional significativa que puede conducir a estados depresivos o de estrés crónico. De esta manera, el rendimiento académico deja de ser solo un indicador del estatus institucional, y se vuelve en un compromiso moral y afectivo, tanto con la familia y con el proyecto social en la que se plantea la expectativa de los beneficios que ofrece la beca. Por ello, para muchos becarios, fallar no es solo “desaprobar un curso”, sino poner en riesgo ese horizonte de ascenso esperado. 

El impacto de la vida universitaria bajo presión: Silencios emocionales y estrategias de afrontamiento  

Otro hallazgo importante que se ha encontrado es el malestar emocional que experimentan los becarios, ya que no se limita únicamente a la exigencia académica, sino que se entrelaza con dinámicas familiares, presiones sociales y una profunda tendencia al silencio emocional. Este malestar se revela no solo en la descripción que ellos hacen en su día a día, sino también deciden callar frente a quienes podrían acompañarlos. En los siguientes fragmentos los becarios expresan como realmente se sienten, aunque sus familias les preguntan con frecuencia por su bienestar, ellos no siempre se permiten decir la verdad. Por ejemplo, Perla señala: 

Siempre me preguntan si estoy bien, yo les digo que estoy bien, aunque esté triste o estresada, a veces muy deprimida por haber sacado mala nota. Eso no les comento porque siento que se preocuparon bastante, así que siempre trato de decirles que estoy bien. 

Según Cala y Agudelo (2018) el mecanismo emocional se describe como un conjunto de sentimientos y tensiones que muchas veces las personas no encuentran ese espacio para poder expresarlo. Y es precisamente lo que se observa en los becarios: una vivencia cargada de emociones y vulnerabilidad, no obstante, se presentan a sus familias como estabilidad emocional bien o con tranquilidad.  

Se suma a este hallazgo el peso de las creencias de género, que funcionan como reguladoras del comportamiento emocional. En uno de los testimonios, Tony indica: 

Yo no le cuento mis problemas a mi familia… los varones somos un tanto orgullosos, como que decimos: «No, no es necesario, ¿qué van a pensar?» Yo solo les comento el lado bueno, pero ellos no saben el lado negativo. 

Este fragmento refleja un severo malestar emocional, no obstante, hay una resistencia de que los varones son fuertes, por ende, no es necesario compartirlo. Mendoza et al. (2024) sostienen que las personas no solo sienten emociones, sino que estas se moldean por las expectativas que la sociedad y la cultura contienen en ellas. Según Paladino (2024), la idea de que “los varones son fuertes”, “no lloran”, o “no deben mostrar debilidad” se convierte en una barrera que impide la expresión auténtica del malestar emocional. Esta situación se va transformando en un territorio íntimo donde existe una lucha silenciosa entre lo que culturalmente “se debe ser” y lo que personalmente se está sintiendo. 

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Por otro lado, la percepción que los becarios tienen de sí mismos condiciona a que ellos constantemente sientan tristeza o malestar. Para Caguana y Tovar (2022), la vivencia del malestar depende también de la manera en que cada persona interpreta sus capacidades, su valor personal y su lugar en el mundo académico. Cuando las exigencias universitarias se cruzan con dudas sobre el rendimiento, el futuro o la adecuación a las expectativas familiares, el malestar adquiere un matiz más profundo. En el siguiente fragmento Perla ilustra esta parte: 

(…) Mis papás siempre me dicen que debo esforzarme y dar lo mejor, que más adelante vendrán cosas mejores. Pero aun así me siento un poco mal o triste por la carrera, por pensar en el futuro, porque siento que no tengo tantas capacidades. 

Esta parte refleja que, aunque los becarios reciben mensajes de motivación y aliento, eso no siempre es suficiente para contrarrestar la angustia que sienten respecto a su trayectoria educativa o a su futuro profesional. Tal como señalan Mendoza et al. (2024), el malestar se hace más visible cuando se acumulan exigencias y expectativas: la familia espera éxito, la universidad demanda rendimiento, y el propio estudiante se impone estándares de desempeño que a veces son difíciles de sostener. 

En este marco, las estrategias de afrontamiento cobran especial relevancia, ya que según las entrevistas estos recurren a diversas actividades como “escuchar música, dibujar, ver videos motivacionales, consumir podcasts o permitirse llorar” (Bianca). Estas estrategias funcionan como mecanismos personales para gestionar emociones que no siempre encuentran un espacio de expresarlo o tener un acompañamiento directo. En relación con esto, Paredes (2021) afirma que las emociones no son universales ni estáticas, sino que están profundamente ancladas al contexto cultural y a las experiencias acumuladas de cada persona. Según este autor, las personas aprenden a interpretar y expresar sus emociones a partir de señales culturales, modelos familiares y vivencias personales, lo cual explica por qué los becarios prefieren estrategias íntimas antes que acudir a servicios psicológicos o compartir sus malestares con quienes los rodean. 

Conclusiones 

Los hallazgos de esta investigación demuestran que la presión familiar se convierte en un eje de la experiencia universitaria de los becarios de Beca 18, determinando sus decisiones académicas y su vivencia cotidiana emocional. La investigación muestra que la presión familiar no se expresa sólo como una expectativa explícita, sino como un mandato que vincula el rendimiento y la movilidad social, además del valor personal, sobre todo en familias con menor capital cultural. Esto convierte a la beca en un recurso valioso y a su vez genera niveles de ansiedad y miedo al fracaso que amenazan el bienestar psicológico.  

Foto: Pronabec Perú

Del mismo modo, se ha detectado que las emociones de tristeza, la preocupación por el futuro, la frustración y la autoexigencia que atraviesan los becarios, muestran escasos espacios de apoyo expresivo, llevándolos a buscar caminos de afrontamiento individuales. Esto coincide con estudios previos que señalan la relación entre expectativa familiar, estrés educativo y deterioro emocional. No obstante, lo anterior, la investigación permite asegurar que, en el caso de los becarios de Beca 18, estas presiones familiares son intensificadas por su posición social y por la responsabilidad simbólica de representar el “ascenso” de la familia. 

Este trabajo contribuye a la educación al mostrar de qué forma las desigualdades sociales y culturales continúan actuando en la experiencia universitaria, incluso en el contexto de políticas públicas orientadas a la equidad. Se propone profundizar en investigaciones que articulen políticas de acompañamiento emocional para becarios y que reconozcan la dimensión afectiva del rendimiento académico como un componente clave para su permanencia y bienestar integral. 

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Estudiante del VIII ciclo de la carrera de Educación Secundaria con especialización en Lengua y Literatura en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM). Sus temas de investigación están orientadas al estudio de la Inteligencia emocional docente en las prácticas pedagógicas.

Estudiante del quinto año de la carrera de Educación Secundaria en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, con interés en la investigación educativa, especialmente en el análisis de metodologías de enseñanza y su impacto en el aprendizaje. He participado en diversos voluntariados orientados al desarrollo integral de niños y adolescentes, así como en la promoción de la conciencia social en temas como la contaminación ambiental, destacándome por mi compromiso con la educación y la mejora continua de los procesos de enseñanza-aprendizaje.


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