La humanidad atraviesa uno de los peores momentos del último siglo debido a la crisis sanitaria del COVID19. Una de las lecciones importantes que nos deja la pandemia es reconocer que la salud y educación son bienes preciados. Y, por ello, los Estados deben garantizarlos y fortalecerlos.

La Educación es uno de los derechos fundamentales de los seres humanos. Aporta al logro de su desarrollo integral, promueve su libertad y autonomía, y contribuye al ejercicio pleno de otros derechos humanos. La educación como derecho humano es asumida como un bien público y social. Como tal, permite reconocernos como seres humanos libres e iguales en derechos. Así como a tratarnos fraternalmente, luchar contra toda forma de discriminación, injusticia y desigualdad. La educación es un derecho humano fundamental porque es la base, el inicio, y, al mismo tiempo, la aspiración: el punto de llegada, de toda lucha por la justicia social y la igualdad (Gentili, 2007).

La justicia educativa, políticas educativas y enfoque de género

Garantizar la educación como derecho y bien público requiere de políticas de justicia educativa, que superen las situaciones de desigualdad y discriminación. Siguiendo a Fraser (2008; Fraser y Honnet, 2006), la política educativa se ha centrado, mayormente, en la redistribución. Esto, como forma de compensar las desigualdades materiales que se manifiestan en la escuela, en detrimento del reconocimiento, que no ha sido suficientemente explorado.

En ese sentido, las políticas de justicia educativa requieren atender tres dimensiones. En primer lugar, la distribución de los recursos materiales y simbólicos (conocimientos, saberes) –el “qué”-. Luego, el re-conocimiento de las diversas identidades y de los diferentes contextos –el “quién”-. Finalmente, la participación política paritaria de los grupos vulnerables o vulnerabilizados – el “cómo”-. La justicia educativa alude a una comprensión tridimensional de las políticas educativas: la re-distribución, el re-conocimiento y la participación política (Aguilar, 2017).

Garantizar justicia educativa requiere incorporar el enfoque de género en las políticas educativas. Ello, a fin de garantizar no solo el acceso, sino transformar los mandatos de género y las concepciones que reproducen relaciones de poder de subordinación entre géneros. Aspectos que impiden la participación y autonomía de las mujeres y de las diversidades sexuales y de género. De esta forma, implica que se desarrollen políticas pertinentes que garanticen el acceso, permanencia y conclusión de la educación básica. Donde se tome en cuenta las necesidades específicas de niñas y niños, de mujeres y hombres, así como de sus contextos socio culturales. De modo que desarrollen capacidades en la formación docente para la apropiación del enfoque de género y su aplicación en la gestión institucional y pedagógica. Siendo necesario que se desarrollen materiales educativos libres de estereotipos de género; que incorporen la Educación sexual integral (ESI) en todos los niveles educativos. Asimismo, que promuevan el desarrollo de la autonomía y el protagonismo de mujeres y hombres en sus procesos educativos, y en el ejercicio ciudadano en sus comunidades.

Género en la escuela

A lo largo de la historia, las sociedades han significado y organizado la vida y las relaciones de mujeres y hombres en razón de mandatos culturales y de relaciones de poder. Esta historia es una de desigualdades, y aunque no es lineal ni progresiva, es posible afirmar que en general son las mujeres quienes han ocupado situaciones de desigualdad y subordinación. A pesar de ello, las mujeres siempre expresaron diversas formas de agencia y lucha contrahegemónica en defensa de una vida mejor, en defensa de sus derechos.

La división sexual del trabajo, la dicotomización de la vida privada y la vida pública, del cuidado (asignado a las mujeres, representado como lo femenino). Así como el trabajo productivo, la organización e instituciones sociales (significado como ámbito masculino); la asociación entre naturaleza y feminidad, y razón y masculinidad. Y, sumado a ello; la comprensión de afectividad como propio de las mujeres, poder y fortaleza como naturalmente masculino, etc., devinieron en la conformación de un sistema patriarcal.  Donde el que es el padre/jefe la autoridad, a la vez que el protector y propietario.

Nuestro país es aún un país en construcción. Es un país donde vastos sectores sociales fueron excluidos de la estructura política, lejos de los lugares donde se toman las decisiones políticas. Así, una característica del proceso de formación y construcción de la comunidad política en el Perú es la “exclusión política”. Es decir, la resistencia de las elites gobernantes de compartir y de distribuir el poder político (López, 1997). Uno de esos grupos excluidos lo han sido particularmente las mujeres, las niñas. Transformar una situación como la mencionada, hacia situaciones de justicia para todas y todos, implica asumir el enfoque de género.

El enfoque de género en la escuela representa un aporte y un imperativo fundamental para el desarrollo de las personas y de los pueblos. En primer lugar, porque propone la importancia de garantizar situaciones de igualdad para el desarrollo pleno de mujeres y hombres. Cuando se habla de igualdad, se hace referencia a la construcción de relaciones justas entre ambos sexos, así como, a garantizar iguales oportunidades para el ejercicio de todos sus derechos. En segundo lugar, constituye una herramienta de análisis que nos permite comprender las características de las relaciones entre los géneros en diversos contextos socioculturales (Red Florecer, 2015)1Este enfoque es asumido por nuestro país en su normativa principal. Según la Constitución Toda persona tiene derecho a la igualdad ante la ley. Nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole. (Art. 2, inciso 2).

Las identidades femeninas y masculinas son construidas cultural e históricamente, pero también son constantemente recompuestas en las políticas de género de cada día. Se trata de identidades que se transforman generacionalmente, pues con la emergencia de nuevas condiciones sociales, se deslegitiman ciertas prácticas y se instauran otras.

Enfoque de género en la escuela para la justicia educativa

La escuela es el primer espacio público que acoge a niñas y niños. En la escuela se desarrollan procesos de socialización y construcción de identidades de género. Aspectos que se dan desde diversos mecanismos, expectativas, roles, mandatos, licencias y prohibiciones, diferenciados según el sexo de los estudiantes.

La incorporación del enfoque de género en la escuela para la justicia educativa, se realiza desde tres constataciones importantes:

  • La primera, educar para la ciudadanía democrática y el ejercicio pleno de derechos supone autonomía y justicia para las mujeres. Es imposible la convivencia democrática sin ejercicio pleno de derechos para todas y todos. Educar con enfoque de género debe ser asumido como un asunto de justicia, porque el aprendizaje y la ciudadanía requieren, en primer término, garantizar el desarrollo humano pleno de las niñas y adolescentes; es decir, sin subordinación ni discriminación.
  • La segunda, la igualdad de género en la educación es una obligación de estado. Constituye una exigencia jurídica y ética, derivada de los compromisos nacionales e internacionales adquiridos por el estado peruano.
  • La tercera, la desigualdad de género en educación persiste. Se mantiene tanto en términos de brechas de oportunidad, como de formas de discriminación, afectando a todas las niñas y adolescentes y, en mayor grado, a las que viven en contextos de pobreza y vulnerabilidad (rurales, pobres, indígenas, con discapacidad) (Red Florecer, 2015).

La escuela constituye un espacio fundamental para transformar o reproducir las desigualdades de género. Transformar dichas desigualdades supone romper con estereotipos que “naturalizan” roles, atributos, mandatos, expectativas; que perpetúan relaciones de poder. Y, que constituyen barreras para el desarrollo personal-social-ciudadano especialmente en las niñas y mujeres. Las relaciones de género inequitativas y discriminatorias son también, una barrera en los procesos de democratización de las sociedades.

¿Por qué es importante el enfoque de género?

El enfoque de género propone mirar con nuevos ojos, con lentes de género las rutinas, procesos, espacios, aprendizajes, interacciones que permitan comprender las dinámicas y sentidos de la escuela. También, para deconstruirla para construir desde las políticas y, las y los actores una pedagogía en y para la igualdad, y la justicia (Carrillo, 2006). Es decir, implica la revisión y transformación de los currículos, materiales y formación docente. Pero también de las rutinas, mandatos, expectativas, relaciones de poder, clima escolar, etc. que constituyen lo que se denomina currículo oculto2Término acuñado por Samuel Bowles y Herbert Gintis (1981) desde el campo de la sociología de la educación y que hace referencia a todo aquello que la escuela enseña sin proponérselo, sin que sea parte explícita del currículo. Son símbolos, valores y pautas de comportamiento que se “enseñan” a través del lenguaje, las interacciones, los modelos de ser docente, las normas, etc. Forman parte de la rutina escolar, de acciones cotidianas casi mecánicas..

La pedagogía para la igualdad de género nace de la constatación de que la escuela es un espacio de socialización que refuerza la discriminación entre los géneros, colaborando en la construcción de identidades masculinas y femeninas, sin cuestionar la carga negativa de estos procesos para el desarrollo de capacidades humanas para ambos sexos (Carrillo, Rita, 2006. En Las Brechas invisibles).

De acuerdo a Carrillo (2006), la Pedagogía de género postula una transformación profunda de toda la institución educativa. Esto implica cambios en:

  • Las personas (docentes, estudiantes, padres y madres de familia)
  • Las interacciones (entre pares, docente/estudiante, madres y padres/hijos e hijas)
  • El lenguaje (oral, escrito, gráfico, corporal, que visibilicen de igual manera a hombres y mujeres)
  • Los espacios (democratizando el uso del patio, los talleres, el aula, etc.)
  • El currículo explícito (incorporando los aportes de las mujeres al conocimiento: las ciencias, la historia, las artes, el cuidado de la vida)
  • El currículo implícito u oculto (visibilizando interacciones discriminatorias, violentas).

Conclusiones

El enfoque de género nos propone desmontar, desde la escuela, la estructura cultural-simbólica de los sistemas de exclusión de géneros. Este es un proceso de mediano y largo aliento. Este esfuerzo supone medidas de política en los tres niveles de gobierno, así como el compromiso decidido de la comunidad educativa.

El enfoque de género en educación fortalece la agencia y autonomía en las niñas y mujeres. Y tomando en cuenta que género es una categoría relacional, en el caso de los varones, propone nuevas masculinidades que permitan el desarrollo socioemocional. Así también, la expresión de sentimientos, el trabajo colaborativo en las actividades cotidianas del cuidado de la vida, etc.

REFERENCIAS

Aguilar, J. (2017). De la equidad a la justicia en la educación latinoamericana. IISUE-UNAM. 2017. San Luis Potosí. XIV Congreso Nacional de Investigación Educativa.

Callirgos, J. (1995). La discriminación en la socialización escolar. Primera edición. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú.

Fraser, N. (2006). La justicia social en la era de la política de la identidad: Redistribución, reconocimiento y participación. En Fraser, N. y Honneth, A. ¿Redistribución o reconocimiento? Un debate político-filosófico. (pp. 17-88) Madrid: Morata.

Fraser, N. y Honneth, A. (2006). ¿Redistribución o reconocimiento? Un debate político-filosófico. Madrid: Morata

Freire, P. (2006). Pedagogía de la autonomía: Saberes necesarios para la práctica educativa. México DF: Siglo XXI.

Gentili, P. (2007). Marchas y contramarchas. El derecho a la educación y las dinámicas de exclusión incluyente en américa latina (a sesenta años de la declaración universal de los derechos humanos). Revista Iberoamericana de Educación, Nro. 49 (2009), pp. 19-57

López, S. (1997). Los ciudadanos reales e imaginarios. Lima: Instituto de Diálogo y Propuesta.

Morgade, G. (2008). Cuerpos y sexualidades en la escuela. De la ‘normalidad’ a la disidencia. Primera edición. Argentina: Editorial Paidós.

Muñoz, F. (2006). “Caminos cruzados: género en las políticas educativas en el Perú en los últimos diez años”. Educacao y Sociedad. Campinas, 27(95), pp. 385-406.

Red Florecer (2015). Propuestas de políticas de género en educación. Lima: Red Florecer.

Tedesco, J. (2013). Educación y justicia social en América Latina. México DF: Fondo de Cultura Económica de España.

+ posts

Egresada de la maestría en Estudios de Género y licenciada en Educación por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Es especialista en Formación Ciudadana, Género e Interculturalidad. Actualmente se desempeña como coordinadora de los Diplomados del Programa Formativo de Horizontes. Forma parte del equipo del IIPE en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya desde hace años, dónde ha realizado varias investigaciones e implementado numerosos proyectos formativos.

Categorías: General

Yolanda Rojo

Egresada de la maestría en Estudios de Género y licenciada en Educación por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Es especialista en Formación Ciudadana, Género e Interculturalidad. Actualmente se desempeña como coordinadora de los Diplomados del Programa Formativo de Horizontes. Forma parte del equipo del IIPE en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya desde hace años, dónde ha realizado varias investigaciones e implementado numerosos proyectos formativos.

0 Comentarios

Agregue un comentario

Avatar placeholder

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *