En mi comunidad Alto Incariado, la crianza que hemos recibido desde nuestros abuelos ha estado profundamente ligada al respeto y cuidado de la naturaleza. Estas enseñanzas, transmitidas de generación en generación, nos han permitido valorar la tierra como fuente de vida. Por eso considero muy importante que hoy exista una política mundial como los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), impulsada por las Naciones Unidas, que busca construir un mundo más justo y equitativo. En particular, el ODS 15, Vida de ecosistemas terrestres, está estrechamente relacionado con nuestras prácticas de crianza, pues nos recuerda que, si no cuidamos la tierra, lo demás pierde sentido. La educación y el respeto hacia la naturaleza son la base para que no nos falte nada y podamos vivir en armonía con nuestro entorno.
Uno de los aprendizajes más valiosos que recibí de mis padres, abuelos y personas de mi comunidad fue su manera de entender el mundo, es decir, su cosmovisión. Ellos siempre decían que todas las cosas que nos rodean tienen un sentido, por eso no ven a la tierra solo como un espacio, sino como un lugar. Un lugar porque en él habitan seres que tienen vida: las plantas, los animales, las aves, los ríos, los lagos. A cada uno se le reconoce como una persona, con espíritu y con existencia propia. Este vínculo profundo con la naturaleza es lo que ha permitido a nuestros pueblos originarios mantenerse firmes y resistentes frente a las adversidades. Desde niña he participado en actividades comunitarias y he visto cómo, antes de realizarlas, siempre se pide permiso a la tierra como por ejemplo si van realizar la pesca, siembra de maíz y yuca lo tienen que hacer mediante un canto o como ya mencione anteriormente con un rito.
Según la UNESCO (2016), estas prácticas están directamente ligadas al desarrollo sostenible porque enseñan a vivir en armonía con los ecosistemas. Este gesto nos da seguridad, nos conecta con ella y nos asegura que nuestra alimentación y nuestro bienestar estarán protegidos.
Otro aspecto importante de nuestra crianza tradicional es que contribuye a mantener el equilibrio del ecosistema. Por ejemplo, cuando recolectamos frutos (papaya, cereza de monte o plantas medicinales como: matico, hoja blanca, achiote, uña de gato, etc.
Nuestros padres nos enseñan a no arrancar de raíz ni cortar en exceso, para que la naturaleza pueda volver a retoñar y no se extingan. Así, nuestra vida no estará en peligro cuando necesitemos recurrir a esas plantas en una emergencia. Estas acciones, aunque parezcan pequeñas, tienen una gran importancia en la preservación de los recursos naturales y reflejan el objetivo del ODS 15, que busca frenar la degradación de los ecosistemas y promover su uso sostenible.
En cuanto a lo mencionado, considero que cuidar la naturaleza es cuidar nuestra vida, y no verla únicamente como una fuente de materias primas. Al explotar sus recursos de forma descontrolada, destruimos los bosques, contaminamos el suelo y perdemos el agua, el aire limpio y los alimentos que nos sostienen. Por eso, creo que el ODS 15 reconoce y valora lo que nuestros abuelos ya sabían: que el bienestar de los seres humanos depende directamente de la salud de la naturaleza. En este sentido, UNICEF (2016) señala que el entorno social y cultural influye en la crianza temprana, lo que confirma la vigencia y el valor de nuestras costumbres. Por ello, considero que las instituciones educativas deben prestar mayor atención a estas formas de crianza de los pueblos originarios. Si realmente queremos cumplir los ODS al 2030, es indispensable dialogar con las comunidades y reconocer que nuestras prácticas ya construyen un futuro sostenible.
El respeto por la naturaleza, la igualdad en las responsabilidades, la educación integral y la salud comunitaria son aportes que nuestra cultura ya venía aplicando desde hace tiempos. Por ello, el Estado y las instituciones educativas deben reconocer y valorar estas formas de crianza, no como algo del pasado, sino como un aporte esencial para la humanidad. Solo así podremos hablar de un cumplimiento real de los ODS, en diálogo y respeto con los pueblos originario.
En conclusión, la crianza en mi comunidad de Alto Incariado no solo asegura la transmisión de conocimientos y valores, sino que constituye un ejemplo vivo de cómo alcanzar los ODS desde las prácticas ancestrales.
Bibliografía
UNICEF Perú. (2016). Estudio revela el impacto del entorno social en la crianza de las niñas y los niños en la Amazonía peruana [Comunicado de prensa]. UNICEF https://www.unicef.org/peru/comunicados-prensa/estudio-revela-el-impacto-del-entorno-social-en-la-crianza-de-las-ninas-y-los
UNESCO (2016). Amazonía, educación y desarrollo sostenible: estudio. UNESCO. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000391136

Estudiante de segundo año de la carrera de Educación Primaria Intercultural Bilingüe en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, con participación en trabajos académicos e investigaciones formativas relacionadas con etnociencia, etnomatemática y humanidades. He colaborado en estudios sobre prácticas de crianza, desarrollo infantil, identidad cultural amazónica e imaginarios sociales de los pueblos originarios. Interesada en la educación intercultural, la preservación de lenguas originarias y el enfoque comunitario en la educación.
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